
Carta Pastoral
IX CARTA PASTORAL
CON MOTIVO DE LA CORONACIÓN PONTIFICIA
DE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE GUADALUPE
VENERADA EN SU BASÍLICA DE MONTERREY
Prot. No. 670/2023
Monterrey, N.L., 6 de diciembre de 2023
ROGELIO CABRERA LÓPEZ
ARZOBISPO DE MONTERREY
“Apareció en el cielo un signo grandioso:
una Mujer vestida del sol, la luna bajo sus pies y,
sobre su cabeza, una corona de doce estrellas”.
Apocalipsis 12, 1
“Y Juan Diego, cuando escuchó el venerable aliento,
la venerable palabra, de la Reina del Cielo,
muchísimo con ello se tranquilizó,
bien con ello se apaciguó su corazón”.
Nican Mopohua 122
I. LA PRESENCIA DE LA VIRGEN MARÍA ENTRE LOS REGIOMONTANOS.
1. Estoy muy contento de poder escribirles esta IX Carta Pastoral en el marco de un hecho que llenará de gracia y bendición a nuestra Iglesia y comunidad: la Coronación Pontificia de la imagen de la Virgen de Guadalupe que se venera en la basílica ubicada en la colonia Independencia de Monterrey, N.L.
2. La carta pastoral anterior se las dirigí en el contexto de la celebración de mis 25 años como obispo, un momento especial en que pude hacer memoria agradecida de este camino, pero en el que también he podido mirar al futuro, al compartirles el sueño que tengo para esta comunidad arquidiocesana (cfr. VIII Carta Pastoral No. 19ss). Este acontecimiento de gracia y bendición embona perfectamente con la Iglesia que sueño: una Iglesia encaminada a la santidad.
3. Quiero agradecer, como primera nota de esta carta, al Papa Francisco que a través del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos nos regala esta bendición. Y al mismo tiempo les expreso que nos comprometeremos en realizar el objetivo que nos marcó Su Santidad con esta gracia, pues el decreto dado por el dicasterio mencionado establece que “se concede la Coronación, en nombre y con la autoridad del Sumo Pontífice, Papa Francisco”, con el deseo que este acontecimiento “ contribuya a extender aún más la devoción a la Madre de Dios y suscite entre los fieles un verdadero anhelo de santidad” (cfr. Decreto de Coronación, Prot. 493/22, 14 de marzo de 2023).
4. Doy las gracias a S.E. Mons. Joseph Spiteri, Nuncio Apostólico en México por haber aceptado acompañarnos para presidir la Santa Misa en la que se corona la imagen de Nuestra Señora, así manifiesta la cercanía de Su Santidad a nuestra Iglesia. Mi agradecimiento también a la comisión constituida para tal efecto, al consejo de pastoral de la Basílica, a sus fieles y a quienes han colaborado con su talento, tiempo y recursos. Estoy seguro de que el Señor, que no se deja ganar en generosidad, sabrá recompensarles este servicio.
5. En el tiempo que llevo entre ustedes, he podido descubrir, valorar y apreciar la devoción tan grande que le tienen a la Virgen María. Ella, como Madre buena, ha estado presente desde la fundación de Monterrey en 1596, llamada originalmente “Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey”. Así, desde su origen, la presencia espiritual de la Virgen es un sello indeleble de esta tierra, que quedó bellamente plasmado en nuestra catedral. Desde antiguo, el culto regio a nuestra Madre también se dirige a su Inmaculada Concepción, como defensa de la ciudad y de nuestra Iglesia particular: por la historia sabemos de los milagros atribuidos a la Virgen del Roble, nuestra santa patrona, y a la “Virgen Chiquita” de la Purísima. Ambas, han cubierto con su manto a los regiomontanos en epidemias e inundaciones, en ciclones y pandemias.
6. Esta devoción ha hecho que, en menos de cuatro kilómetros, entre la catedral y las tres basílicas, se forme un hermoso “polígono mariano”. Este polígono alberga a peregrinos, indigentes, migrantes, turistas, trabajadores y tantas personas de buena voluntad que entran a estos templos todos los días, ya para celebrar la Santa Misa y los sacramentos, ya para buscar un consuelo en nuestra Madre, ya para disfrutar su belleza y dejarse sorprender por su esplendor.
7. Tengo que reconocer y agradecer a mis hermanos obispos que promovieron y solicitaron la coronación pontificia de las otras devociones marianas de nuestra Iglesia: Nuestra Señora del Roble (1964, Papa San Pablo VI), la “Virgen Chiquita” de la Purísima (1990, Papa San Juan Pablo II) y Nuestra Señora de Monterrey (1996, Papa San Juan Pablo II). Sin duda todos han sido momentos de gracia que seguimos conmemorando y que impulsan el caminar pastoral de nuestra Arquidiócesis.
II. LA CORONACIÓN PONTIFICIA DE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE GUADALUPE ENTRE NOSOTROS.
8. Se coronan aquellas imágenes que poseen especial arraigo en la fe y devoción de los fieles y con una antigüedad no menor de 50 años. En la coronación de la Virgen, se aclama a María como Señora y Patrona, expresándole nuestro amor a la Madre de Dios y Madre nuestra. Ella es la Reina de la que se habla en la Sagrada Escritura: “Apareció en el cielo un signo grandioso: una mujer vestida del sol, la luna bajo sus pies y, sobre su cabeza, una corona de doce estrellas” (Apocalipsis 12, 1).
9. Sobre la coronación de María señaló el Venerable Papa Pío XII en 1954 que “ya desde los primeros siglos de la Iglesia católica, elevó el pueblo cristiano suplicantes oraciones e himnos de alabanza y piedad, así en sus tiempos de felicidad y alegría como en los de angustia y peligros; y nunca falló la esperanza en la Madre del Rey divino, Jesucristo, ni falló aquella fe que nos enseña cómo la Virgen María, Madre de Dios, reina en todo el mundo con maternal corazón, al igual que está coronada con la gloria de la realeza en la bienaventuranza celestial” (Ad Caeli Reginam 1).
10. La imagen de la Virgen de Guadalupe que es coronada, ha desarrollado un papel importante en la historia de salvación de nuestra Iglesia: hace poco más de 100 años, en 1922, el Venerable P. Raymundo Jardón promovió su realización, a manos del artista Rafael Aguirre, quedando como un signo del amor a María de este santo varón. Realizada con gran destreza, fue colocada en el antiguo Santuario de Guadalupe, una imponente construcción de 1895, y después trasladada, en 1982, a su ubicación actual en la Basílica de Guadalupe, que obtuvo este tíltulo en 1983 por gracia de San Juan Pablo II. Desde entonces, día a día congrega a infinidad de fieles que, acercándose amorosamente a ella, piden su intercesión, además de transmitir la fe y el amor a Dios y Maria a los más pequeños al llevarlos a los pies amorosos de nuestra Madre.
11. Esta imagen ya recibió la Coronación Diocesana en 1945 por el VII Arzobispo de Monterrey, el Siervo de Dios Mons. Guillermo Tritschler y Córdova, que en el decreto de aquel año mencionaba su deseo de que sobre la Guadalupana se pusiera una “corona, siquiera sea modesta, sobre su cabeza”, la cual se encuentra actualmente colocada. Cuentan que “ cuando la corona descansó sobre la imagen de la Virgen, la multitud aclamó con delirio a la Reina de Monterrey”.
12. Recurriendo a esta imagen, en estos tiempos marcados por la violencia e incertidumbre, nos acercamos espiritualmente a nuestra Madre que tiernamente dijo a San Juan Diego en el Tepeyac: “Que ninguna otra cosa te aflija, que no te inquiete; que no te acongoje la enfermedad de tu tío, porque de ella no morirá por ahora, ten por cierto que ya sanó. (Y luego en aquel mismo momento sanó su tío, como después se supo). Y Juan Diego, cuando escuchó el venerable aliento, la venerable palabra, de la Reina del Cielo, muchísimo con ello se tranquilizó, bien con ello se apaciguó su corazón” (Nican Mopohua 120-122).
13. La coronación pontificia de esta imagen debe ser ocasión para renovar el deseo de entrar en el Reino de Dios, pero también de promoverlo entre nosotros a través de gestos de misericordia, de solidaridad y de paz. Para esto tenemos que aplicarno en tejer una red misionera y evangelizadora para colaborar en la reconstrucción del tejido social y eclesial de nuestra ciudad, tal como lo hemos dicho en el objetivo general de nuestro Plan de Pastoral No. 47. Estas acciones serán la verdadera corona de Nuestra Madre.
14. Materialmente, la corona que hoy vemos sobre la imagen de Santa María de Guadalupe, será completada con un resplandor en forma de diadema que se realizó en la ciudad de Guadalajara, Jal. en el taller del orfebre Sr. Ricardo Cruzaley Herrera. Posee 14 rayos representando a las actuales zonas pastorales de la Arquidiócesis, así como 14 piedras preciosas representando las obras de misericordia: 7 espirituales y 7 corporales. En la parte superior se encuentra el Espíritu Santo en forma de paloma, y debajo del mismo, la flor “nahui ollin” de cuatro pétalos, que podemos ver al centro del vestido de la Virgen de Guadalupe en el “ayate” donde quedó estampada su imagen. Además, posee los escudos del Santo Padre, el Papa Francisco, y de un servidor, como arzobispo de Monterrey. Tallos, hojas, rosas y flores completan la decoración de la diadema evocando las que figuran en el vestido de nuestra Señora del Cielo en el sagrado original.
15. En 2022, a fin de poder contemplar la imagen en su esplendor, esta fue restaurada por el Sr. Alberto Compiani como preparativo a su deseada solemne coronación. De igual manera y en las mismas fechas, el restaurador Sr. René Rangel hizo lo propio con el marco dorado de la imagen. Este año, contando con la colaboración de varias comunidades parroquiales de nuestra Arquidiócesis, el Sr. Edgar Puga Arroyo restauró las 77 rosas del “manto” de sogas que se encuentra en el presbiterio de la Basílica. Gracias a todos por la dedicación a estos trabajos de gran responsabilidad y por la generosidad y amor mostrados a la Guadalupana.
16. A modo de preparación espiritual diocesana, el 26 de agosto de 2023, se llevó a cabo la celebración de la Primera Jornada Mariana, contando con la presencia de representantes de la Pontificia Academia Mariana Internacional. En dicho evento se dio a conocer la Novena Intercontinental Guadalupana con la que nos preparamos para celebrar los 500 años del Acontecimiento Guadalupano en 2031, en comunión con el camino trazado por el Proyecto Global de Pastoral de la Conferencia del Episcopado Mexicano que también nos prepara a celebrar dos mil años de la Redención de Jesucristo en 2033. Como familia guadalupana, en la óptica de la celebración del Jubileo del Acontecimiento Guadalupano y de la Redención, esta coronación pontificia nos compromete a seguir edificando la casita sagrada que compartimos con nuestra Madre.
III. SIGAMOS CONSTRUYENDO LA CASITA SAGRADA QUE NECESITAMOS.
17. Quiero hacer mías las palabras que el Papa Francisco pronunció en su homilía del 12 de diciembre de 2022, cuando proclamó el inicio del camino de preparación hacia el 2031: “ Hoy como ayer, Santa María de Guadalupe quiere encontrarse con nosotros, como un día con Juan Diego en el cerrito del Tepeyac. Quiere quedarse con nosotros. Nos suplica que le permitamos ser nuestra Madre, que abramos nuestra vida a su Hijo Jesús y acojamos su mensaje para aprender a amar como Él”.
18. Estoy seguro de esto y lo he experimentado en mi propia persona y mi ministerio episcopal, pues la Virgen de Guadalupe nunca me ha dejado solo, siempre sale a mi encuentro. Acudo a ella con frecuencia a su Basílica de México, pues por mi oficio en la Conferencia del Episcopado Mexicano tengo esa oportunidad. Siempre le pido por ustedes y sus necesidades. En mi oración también le pido por la paz en México y para que podamos responder como Iglesia a los desafíos que la realidad nos presenta.
19. Les comparto como compañero de camino, tres aspectos que sintetizan la experiencia que tengo respecto de la Virgen de Guadalupe y que recientemente he tenido muy presentes: su maternidad, su ternura y su intercesión.
20. La Virgen de Guadalupe es Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Del relato de las apariciones, conocemos la famosa y bella expresión: “¿No estoy yo aquí, que tengo el honor y la dicha de ser tu madre?” (Nican Mopohua 119). Al leerlas de nuevo, puedo decir que no hay lugar para sentirse abandonados, angustiados o desamparados cuando está Ella. Ni la enfermedad ni la muerte son razones para desorientarse por su presencia maternal que además acaba con toda amenaza. Al saberla aquí, descubrimos en su amor el amor de Dios que como Madre, quiere manifestar. Ella nos cuida.
21. En la “tilma”, Nuestra Señora de Guadalupe es María la que espera dar a luz, la que está encinta. El hecho que diga de sí misma que es Virgen y Madre de Dios nos conduce a los evangelios de san Mateo y san Lucas que así la describen. También nos conduce a los Hechos de los Apóstoles que nos hacen ver a María en el centro de la primera comunidad en la que Pedro y los apóstoles son la cabeza y están al frente, y María es el corazón que llena de calor a la primera comunidad cristiana mientras está esperando en Pentecostés. Es Madre de la Iglesia, primera discípula misionera, fuente de esperanza. Ella cuida a la primera comunidad cristiana.
22. San Juan tiene el encargo de cuidar de la Virgen y ella cuida de San Juan, tal como lo hace la Virgen de Guadalupe con el otro Juan, el del Tepeyac. Por eso les propongo que así como la Virgen nos cuida, no nos olvidemos de cuidarnos entre nosotros mismos en medio de ambientes que generan indiferencia, rechazo y confrontación. Una cultura del cuidado hace mucha falta en Monterrey para que tengamos paz. La Virgen nos cuida como hijos, cuidémonos reciprocamente como hermanos y hermanas.
23. La Virgen de Guadalupe nos habla con ternura.El diálogo entre la Virgen y San Juan Diego está lleno de expresiones de amor y de confianza: él es “el más pequeño” de sus hijos y ella es “la más pequeña”, la “muchachita”, la “niña” (cfr. Nican Mopohua 23 y 66). Por su parte, la Virgen tiene una calidez propia de su ser mujer que nos hace descubrir que en la vida cotidiana, el amor de Dios se reviste de esa ternura femenina para mostrarse fiel, personal y a la vez eterno: “yo me honro en ser tu madre compasiva” “¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría?” (Cfr. Nican Mopohua 29 y 119).
24. No solo las palabras transmiten este mensaje de amor y ternura, también su imagen nos habla y expresa lo mismo, pues la manera en que se nos presenta es muy elocuente. En el “ayate” se presenta con gran ternura, con profunda calma, con serenidad, con cariño, con disposición para el encuentro, con un sentido maternal. Todo nos habla de su dulzura: su rostro, sus manos, su piel y su mirada. Necesitamos aprender de Santa María de Guadalupe su delicadeza al hablar y su ternura al expresarse. En este tiempo de prisas, de mal humor, de estrés y ansiedad, de poca paciencia y tolerancia, lamentablemente es muy fácil tratar a los demás con expresiones rudas, ásperas, altisonantes, bruscas, faltas de paciencia y caridad.
25. En mi III Carta Pastoral en 2015, les expresé mi convencimiento de que “el ABC de la pastoral consiste en acciones muy sencillas y a la vez muy humanas, como el saludo y la sonrisa con que nos presentamos como Iglesia ante nuestros mismos fieles y ante los que llamamos alejados e incluso indiferentes o ante quienes se confiesan no creyentes”. En el Proyecto Global de Pastoral de nosotros los obispos, recordamos que “la credibilidad de la Redención… se juega en el estilo de nuestras relaciones interpersonales, en el modo en como tratamos a los demás…” (PGP 137). Ojalá que podamos hablarnos de una mejor manera, que venzamos aquello que no nos permite sonreír o saludar, es así como también tejemos la red que pedimos en el Plan de Pastoral, como consecuencia de relaciones nuevas y más profundas (PP No. 59)
26. La Virgen de Guadalupe intercede por nosotros.Es fundamental el milagro a través del cual, Juan Bernardino, el tío de San Juan Diego, recupera la salud por la intercesión de la Virgen de Guadalupe. Esa situación le preocupaba tanto, que hizo que Juan Diego cambiara de ruta e incluso se disculpase de no poder atender el pedido de la Señora. Pero Dios, aunque en el relato parece oculto, obra y sana, de tal modo que el amor de la Virgen, se hace uno con el amor del Señor.
27. María de Guadalupe, como buena intercesora, quiere asegurarse de que se construya su “casita sagrada”, para “escuchar su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores” (Nican Mopohua 32). La Virgen asegura que la “casita” que ella quiere, será un lugar especial donde el sufrimiento tendrá respuesta y así se muestra solidaria con las penas y aflicciones, dolores y enfermedades de las personas: “¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?” (Nican Mopohua 119).
28. Por eso los invito a que seamos intercesores unos de otros, a que oremos por las necesidades de quienes conocemos, a que expresemos nuestra empatía y compasión con quienes se encomiendan a nuestra oración. Ojalá elevemos nuestra voz a la Virgen María, como he indicado en el Plan de Pastoral, de tal modo que se “valore y promueva la fuerza evangelizadora de la piedad popular, especialmente mediante el rezo del rosario” (cfr. Plan de Pastoral 119).
29. Si promovemos una cultura del cuidado entre nosotros, nos saludamos, sonreímos más, y oramos unos por otros, nos estaremos acercando cada vez más a vivir en la “casita sagrada” que pide la Virgen y que es parte del objetivo de nuestro Plan, pues queremos ser “una casita sagrada que reciba a todos en la misericordia del Padre, como lo pide la Virgen de Guadalupe”(PP 47)
30. Esta casita no solo es el templo material, sino que también se refiere al hogar que compartimos con quienes vivimos. En nuestro Proyecto Global de Pastoral, los obispos refrendamos el compromiso de construir esa “casita” que como decimos “representa un elemento común de identidad de este pueblo, un signo de unidad, un espíritu de familiaridad. La casita sagrada es un lugar donde nadie se siente extraño; un lugar de encuentro, convivencia y cercanía con los seres queridos; un lugar donde se comparten las experiencias de la vida” (PGP 154) .
IV. CAMINANDO JUNTOS CON LA MIRADA PUESTA EN JESÚS Y EN SANTA MARÍA DE GUADALUPE.
31. La coronación pontificia, como momento de gracia, nos ha hecho mirar atrás con memoria agradecida reconociendo el camino recorrido; nos hace disfrutar el presente y descubrir que somos una Iglesia viva con un rumbo claro; y nos impulsa al futuro para construir lo nuevo, ya desde ahora, con una total apertura al Espíritu y con la actitud con la que San Juan Diego realizó la misión encomendada como discípulo misionero, diciéndole a la Virgen: “ en verdad con todo gusto iré, a poner por obra tu venerable aliento, tu venerable palabra; de ninguna manera lo dejaré de hacer, ni tengo por molesto el camino” (Nican Mopohua 63).
32. La presencia del Sr. Nuncio Apostólico para este acto solemne renueva nuestra comunión afectiva y efectiva con el Santo Padre, por quien siempre rezamos, y con quien nos comprometemos a extender aún más la devoción a la Madre de Dios, esperando se suscite en toda la Iglesia que peregrina en Monterrey, un verdadero anhelo de santidad (cfr. Decreto de Coronación, Prot. 493/22, 14 de marzo de 2023).
33. Que mirar a la Guadalupana como Reina, visitándola en su “casita sagrada”, nos anime a seguir “caminando juntos con la mirada puesta en Jesús”, tal y como dice nuestro lema pastoral, pues todavía hay mucho por hacer. Los invito a disponer el corazón para comenzar en 2024 un Año Sacerdotal en nuestra Arquidiócesis, con el que también nos uniremos a la Iglesia Universal para preparar en oración la llegada del Jubileo Ordinario de la Encarnación en enero de 2025.
34. El próximo año continuaremos con el proceso sinodal que ha impulsado el Papa Francisco en el Sínodo de la Sinodalidad, en comunión, con la participación de todos. Reconozco que está siendo de mucho provecho espiritual y pastoral para el conocimiento, profundización y apropiación de nuestro Plan de Pastoral 2023-2026, y lo seguirá siendo en adelante. Como el mismo Santo Padre lo ha manifestado desde hace varios años, el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de nosotros para el futuro, de tal modo que todo lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está contenido en la palabra sínodo.
35. Pidámosle a Nuestra Señora de Guadalupe que ponga su confianza en nosotros para ser sus fieles mensajeros, tal como lo hizo con San Juan Diego, y que interceda ante su Hijo por esta Iglesia que peregrina en Monterrey, para que seamos la “casita sagrada” que pidió la Virgen.
En comunión con los fieles laicos, consagradas y consagrados,
diáconos permanentes, presbíteros y obispos auxiliares.