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“MÁS GRANDE ES LA MISERICORDIA DE DIOS QUE NUESTROS PECADOS”: ARZOBISPO DE MONTERREY CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

𝐃𝐮𝐫𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐞𝐥𝐞𝐛𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐞𝐮𝐜𝐚𝐫𝐢́𝐬𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐏𝐚𝐧𝐭𝐞𝐨́𝐧 𝐝𝐞𝐥 𝐑𝐨𝐛𝐥𝐞, 𝐌𝐨𝐧𝐬‧ 𝐑𝐨𝐠𝐞𝐥𝐢𝐨 𝐂𝐚𝐛𝐫𝐞𝐫𝐚 𝐋𝐨́𝐩𝐞𝐳 𝐢𝐧𝐯𝐢𝐭𝐨́ 𝐚 𝐨𝐫𝐚𝐫 𝐩𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐡𝐚𝐧 𝐟𝐚𝐥𝐥𝐞𝐜𝐢𝐝𝐨 𝐲 𝐚 𝐯𝐢𝐯𝐢𝐫 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚 𝐜𝐞𝐫𝐭𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐞𝐫𝐢𝐜𝐨𝐫𝐝𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐞𝐬 𝐦𝐚́𝐬 𝐠𝐫𝐚𝐧𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨𝐬‧

En el marco de la conmemoración de los fieles difuntos, el arzobispo de Monterrey, Mons. Rogelio Cabrera López, presidió la Santa Misa en el Panteón del Roble, donde invitó a los asistentes a reflexionar sobre la brevedad de la vida, la importancia de orar por quienes han fallecido y, sobre todo, la esperanza que nace de la resurrección de Jesucristo.

Durante su homilía, el prelado exhortó a tomar conciencia de que la vida terrenal tiene un límite, pero pidió hacerlo sin temor y con esperanza, recordando que para los cristianos la muerte no representa una tragedia definitiva.

“Pensar en ello nos puede hacer más virtuosos. Cuando uno es consciente de que la vida es breve, nos hace mucho bien pensar en las postrimerías, en lo último, pero pensarlo también con esperanza y serenidad”, expresó.

Al referirse a las lecturas bíblicas de la celebración, el arzobispo destacó tres ideas fundamentales. La primera, que orar por los difuntos es una acción santa y conveniente, como lo señala el libro de los Macabeos.

Explicó que esta práctica no solamente representa una expresión de amor y cercanía hacia quienes han partido, sino que también contribuye a la propia santificación.

“Nos conviene rezar, nos hace mucho bien, y nos conviene porque el día que nos vayamos de aquí otros van a pedir por nosotros”, señaló.

Como segundo punto, Mons. Cabrera López recordó que Jesucristo es la primicia de entre los muertos, pues su resurrección anticipa y garantiza la esperanza de la resurrección de todos los creyentes.

A partir de esta imagen, explicó que así como los primeros frutos anuncian una cosecha abundante, la resurrección de Cristo es el anuncio de lo que también espera a la humanidad.

“Cristo resucitó y en su resurrección está anunciada nuestra propia resurrección. Fue el primero, la primicia entre los muertos, y eso le da garantía a lo que esperamos”, afirmó.

En este sentido, destacó que la fe cristiana permite mirar la muerte desde una perspectiva distinta, aun cuando esté acompañada de dolor e incertidumbre, pues la esperanza en Cristo resucitado da sentido a la vida y a la eternidad.

También reconoció la riqueza de las tradiciones mexicanas en torno a los difuntos, pero subrayó que estas expresiones deben conducir a una reflexión más profunda sobre el futuro que Dios ofrece y motivar a las personas a vivir mejor, con alegría y confianza.

Como tercer aspecto, el arzobispo puso el acento en la misericordia de Dios, que supera las faltas y debilidades humanas. Al respecto, recordó el ejemplo de san Dimas, el llamado buen ladrón, quien, crucificado junto a Jesús, recibió de Él la promesa del paraíso.

Con este pasaje, invitó a confiar en el amor y el perdón de Dios, sin que ello signifique justificar las malas acciones, sino reconocer que su misericordia siempre ofrece una oportunidad de salvación.

“Más grande es la misericordia de Dios que nuestros pecados”, enfatizó.

Finalmente, el arzobispo recordó que la conmemoración de los fieles difuntos es una oportunidad para mantener viva la memoria de quienes han partido, fortalecer la oración por ellos y renovar la confianza en la promesa de la vida eterna.

Al inicio de la celebración, Mons. Rogelio Cabrera López también hizo referencia a los sacerdotes fallecidos, alrededor de 50 de ellos sepultados en la capilla del panteón, y anunció que después de la Eucaristía acudiría a rezar por su eterno descanso.

Asimismo, compartió que el día anterior había visitado la cripta de los obispos, ubicada en la Catedral de Monterrey, donde reposan los pastores que concluyeron su ministerio en esta Arquidiócesis. 

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