Candidatos de la segunda generación participaron en un retiro anual, profundizaron en el libro de Josué y presentaron proyectos parroquiales de liturgia, catequesis y caridad.
Con una jornada de reflexión, oración y trabajo comunitario, candidatos de la segunda generación de Ministerios Laicales participaron el sábado 31 de octubre en su retiro anual, un encuentro que les permitió fortalecer su formación espiritual y compartir iniciativas para responder a las necesidades de sus comunidades parroquiales.
Durante el retiro, los participantes profundizaron en el libro de Josué, dieron gracias a Dios durante la celebración de la Eucaristía del mediodía y concluyeron la jornada con una exposición de stands, en la que presentaron proyectos relacionados con las áreas de liturgia, catequesis y caridad.
A través de estas propuestas, los futuros ministros laicales buscan identificar las necesidades de sus comunidades y convertirlas en oportunidades de servicio, poniendo sus dones, conocimientos y capacidades al servicio de la Iglesia.
Durante la jornada, monseñor Juan Armando Pérez Talamantes presidió la Santa Misa y dirigió una reflexión en la que invitó a los participantes a reconocer que su camino de preparación es, ante todo, una respuesta a la invitación que Dios les ha hecho en medio de su historia personal y de la comunidad eclesial.
Al recordar que muchas personas, cuando reciben un llamado de Dios, se preguntan «¿por qué yo?», el obispo auxiliar señaló que la respuesta no debe buscarse en los méritos personales ni en la idea de sentirse mejores que los demás, sino en la gracia y el amor de Dios.
Explicó que la elección para un ministerio no significa ser superior a otros ni recibir una recompensa, sino acoger humildemente un don que Dios ofrece para ponerlo al servicio de los hermanos.
«El amor de Dios es un amor grandísimo», expresó, al recordar que el Señor acompaña la historia de cada persona, escucha sus oraciones y se hace presente de distintas maneras a lo largo de la vida.
Monseñor Pérez Talamantes exhortó a los participantes a conservar un corazón humilde durante su formación y en el ejercicio de su ministerio, reconociendo que este llamado no representa una meta alcanzada, sino el comienzo de un camino de crecimiento y entrega.
Asimismo, los animó a llevar el testimonio del Evangelio más allá de los espacios parroquiales, comenzando por la familia, los vecinos, la comunidad, los centros de trabajo y las escuelas.
Señaló que los ministros laicales están llamados a ser discípulos misioneros que, alimentados por Cristo, compartan su Palabra, su presencia, su fe y su esperanza con quienes los rodean.
Finalmente, pidió a Dios fortalecerlos, purificar sus intenciones y llenar de gracia sus corazones para que puedan caminar con Cristo desde la sencillez, la fe y la caridad.
Al concluir el encuentro, los organizadores agradecieron a todas las personas que acompañaron con su oración esta jornada, en la que los candidatos tuvieron la oportunidad de crecer en su formación y compartir los proyectos con los que buscan contribuir a la vida pastoral de sus parroquias.