El encuentro, realizado en compañía del Centro Vocacional de Monterrey, busca fortalecer la fe de los jóvenes y ayudarles a descubrir el llamado que Dios tiene para cada uno.
Con la participación de alrededor de mil jóvenes de distintos municipios del área metropolitana, el Movimiento de Juventudes Cristianas (MJC), región Monterrey, celebró este miércoles 28 de octubre su Hora Santa Regional, un encuentro de oración que reúne dos veces al año a integrantes de sus distintas comunidades.
La jornada comenzó a las 8:00 de la noche y, al cierre de esta información, los jóvenes continuaban reunidos en este espacio de adoración y encuentro con Jesús Eucaristía.
En esta ocasión, la actividad se realiza en compañía del Centro Vocacional de Monterrey, con el propósito de ayudar a los participantes a reconocer y celebrar el llamado que todos tienen como jóvenes dentro de la Iglesia, así como reflexionar sobre la vocación a la que Dios invita a cada persona.
Se espera la participación de jóvenes provenientes de Monterrey, Escobedo, San Nicolás de los Garza, Apodaca, Juárez, Hidalgo, Santa Catarina, San Pedro Garza García y García.
La convocatoria reúne a integrantes de entre 6 y 28 años de edad, entre ellos miembros de los campos de apostolado y dirigentes de los grupos juveniles Cadena, Conquista, Escuadrón y Línea Juvenil.
Acompañamiento pastoral y vocacional
En el encuentro participan el padre Darío Torres, coordinador de la Pastoral Vocacional; el padre Luis Gerardo Montemayor, asesor diocesano del MJC y capellán de la Basílica de Nuestra Señora del Roble; el padre Brandon Monares, vicario de la parroquia Natividad del Señor, y el padre Reynaldo Díaz, coordinador de la Pastoral Juvenil y vicario adscrito de San Jerónimo, además de otros sacerdotes que acompañan a las comunidades juveniles del área metropolitana.
La Hora Santa Regional representa una oportunidad para que los integrantes del movimiento se encuentren como una sola comunidad, fortalezcan su vida espiritual y renueven su compromiso de vivir y compartir la fe en sus ambientes cotidianos.
A través de estos espacios de oración, el MJC busca favorecer el encuentro personal con Cristo y recordar a los jóvenes que su participación en la Iglesia también implica descubrir sus dones, ponerlos al servicio de los demás y responder con generosidad a la vocación que cada uno está llamado a vivir.