En un ambiente de fraternidad, escucha y reflexión profunda, empresarios y representantes de la Iglesia de Monterrey participaron este 14 de mayo en un encuentro de diálogo y formación espiritual, realizado en las instalaciones de la Curia Arquidiocesana.
La jornada inició con la celebración de la Santa Misa en el Sagrario de Catedral, presidida por el padre Juan José Martínez y concelebrada por el padre Elías Juárez, encomendando a Dios la vida, las decisiones y responsabilidades de quienes desempeñan labores empresariales y de liderazgo.
Posteriormente, en el Auditorio Juan Pablo II, se llevó a cabo un panel de reflexión en el que participaron el padre Juan José Martínez, monseñor Juan Armando Pérez Talamantes, el padre Elías Juárez y los empresarios Alfonso González y David Huerta.
Durante su intervención, el padre Juan José Martínez invitó a los asistentes a cuestionarse sobre el verdadero significado del éxito y la necesidad de cuidar la vida interior en medio de una cultura centrada en los logros externos.
“Se puede triunfar por fuera y fracasar por dentro”, expresó el sacerdote, al señalar que muchas personas alcanzan reconocimiento, crecimiento profesional y admiración, pero experimentan un vacío interior.
Asimismo, recordó las palabras de Jesús: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?”.
El sacerdote exhortó a los empresarios a preguntarse constantemente: “¿Para qué hago todo esto?, ¿en qué clase de persona me estoy convirtiendo?, ¿cómo está mi alma?”.
Por su parte, monseñor Juan Armando Pérez Talamantes habló sobre la paz cristiana en la vida empresarial, aclarando que esta no significa ausencia de dificultades, sino la serenidad de caminar en la verdad de Dios aun en medio de riesgos, conflictos y preocupaciones.
“El empresario cristiano sabe que la paz no equivale a no tener problemas. La paz cristiana es saber que vamos caminando en la verdad delante de Dios”, expresó.
En su participación, el empresario Alfonso González abordó el tema de las separaciones laborales y la importancia de acompañar humanamente esos procesos dentro de las empresas.
“Hay que mantener los principios, mantener la paz y amar al colaborador”, señaló, subrayando la necesidad de contar con procesos y metodologías que permitan vivir las separaciones laborales con dignidad, cercanía y acompañamiento pastoral.
Compartió además testimonios de trabajadores que, tras concluir una etapa laboral, pudieron hacerlo en un ambiente de gratitud y reconciliación.
El padre Elías Juárez reflexionó sobre el mal y la respuesta cristiana desde la misericordia y la caridad. Inspirado en el pensamiento de santo Tomás de Aquino, explicó que el mal es una carencia del bien debido a la naturaleza humana.
El sacerdote distinguió entre el “mal desgracia”, como la enfermedad o la muerte; el “mal moral”, relacionado con el pecado; y el mal personificado, señalando que ante cualquiera de ellos la respuesta es Jesucristo.
Asimismo, invitó a los empresarios a fomentar en sus organizaciones una responsabilidad basada no solamente en la contabilidad, sino también en la caridad y la misericordia.
“Las empresas también pueden ser lugares donde las personas sanen y transformen su vida”, expresó.
A su vez, el empresario David Huerta recordó que la vida de fe no puede reducirse únicamente al cumplimiento de prácticas religiosas, sino que debe reflejarse en el propósito profundo del trabajo y de las decisiones diarias.
“Debemos preguntarnos cuál es el propósito de lo que estamos haciendo, cuál es el fin. Si solamente pensamos que se trata de cumplir con el Señor, estamos equivocados”, afirmó.
Finalmente, el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, quien se incorporó posteriormente al encuentro, agradeció la realización de este espacio de reflexión y habló sobre el sentido de la consagración cristiana.
El prelado explicó que en la Sagrada Escritura el término “consagrar” también puede entenderse como “reservar” para Dios, no desde una apropiación egoísta, sino desde el amor.
“Ser consagrado es ser reservado por amor”, expresó, recordando las palabras del libro del Deuteronomio, donde Dios elige a su pueblo no por ser el más poderoso, sino simplemente porque lo ama.
El encuentro concluyó con un llamado a vivir la vocación empresarial como un camino de servicio, responsabilidad y transformación humana iluminado por el Evangelio.