Fieles, sacerdotes, diáconos y obispos de Monterrey se unen en oración ante el monumento a Cristo Rey, poniendo en sus manos las necesidades de la Iglesia y de la sociedad.
La Arquidiócesis de Monterrey inició su tradicional peregrinación anual con la visita al monumento de Cristo Rey del Cubilete, en Silao, Guanajuato, como parte del camino que cada año reúne a sacerdotes, diáconos, religiosos y fieles laicos para fortalecer su fe y elevar una oración por la Iglesia de Monterrey.
La Santa Misa fue presidida por el Arzobispo de Monterrey, Mons. Rogelio Cabrera López, quien estuvo acompañado por sus obispos auxiliares, un grupo de presbíteros y diáconos, así como por fieles laicos provenientes de diversas comunidades de la Arquidiócesis.
Durante la celebración eucarística, el Arzobispo destacó que quienes participan en esta peregrinación lo hacen también en representación de todos aquellos miembros de la Iglesia de Monterrey que, por diversas circunstancias, no pudieron estar presentes.
“Hemos venido en peregrinación representando a nuestra Iglesia de Monterrey; cuántos quisieron haber venido pero no les fue posible. Nosotros estamos aquí y vamos a interceder por toda la Iglesia de Monterrey”, expresó.
Mons. Cabrera López invitó a vivir este encuentro con gozo y esperanza, reconociendo que la alegría impulsa el caminar de los creyentes, mientras que la esperanza permite mirar el presente con el deseo de construir un futuro mejor de la mano de Dios.
En este sentido, pidió que las intenciones de la peregrinación fueran especialmente por las comunidades de la Arquidiócesis, para que permanezcan en paz; por las personas que viven en situación de pobreza, para que tengan lo necesario para una vida digna; por quienes se encuentran en las cárceles, para que puedan renovarse, convertirse y reencontrarse con sus familias; y por toda la Iglesia de Monterrey, para que continúe cumpliendo su misión de anunciar el Evangelio.
“Esos deseos los ponemos aquí, en el altar, ante el Cristo Rey del Cubilete”, señaló.
AMOR A CRISTO Y A MARÍA
Durante su homilía, el Arzobispo de Monterrey subrayó también la profunda relación entre el amor a Jesucristo y el amor a la Virgen María, dos dimensiones inseparables de la vida de fe.
“Nosotros sabemos que hay dos amores inseparables: el amor a Cristo y el amor a la Virgen María”, afirmó.
Recordó que, desde su llegada como obispo de Monterrey, ha querido impulsar esta experiencia de fe mediante las visitas a Cristo Rey y a la Basílica de Guadalupe, como una manera de vivir y expresar ese amor pleno a Jesús y a su Madre.
De esta manera, la peregrinación al Cubilete se convierte también en un camino espiritual que prepara a los peregrinos para continuar su recorrido de fe y oración.
MEMORIA DE LOS MÁRTIRES MEXICANOS: UN LLAMADO A LA RECONCILIACIÓN
En otro momento de la celebración, Mons. Rogelio Cabrera López hizo referencia a la memoria histórica de los años 1926-1929, periodo marcado por la persecución religiosa y por el testimonio de numerosos mártires mexicanos que entregaron su vida por su fe.
El Arzobispo señaló que esta memoria debe ayudar a los creyentes a reconocer el dolor de aquel periodo de la historia nacional, pero, sobre todo, a promover una mirada de reconciliación.
Explicó que los mártires fueron discípulos de Jesús que aprendieron a vivir y a morir como su Maestro, poniendo en práctica las enseñanzas del Evangelio incluso en circunstancias extremas.
A partir del Evangelio proclamado durante la celebración, invitó a los fieles a hacerse pequeños ante Dios, dejando de lado la soberbia que puede llevar al ser humano a considerarse superior a los demás y, por ello, a justificar el daño hacia el prójimo.
“Si somos como niños pequeños, sabemos que nuestra mirada está siempre puesta en Dios”, reflexionó.
El Arzobispo explicó que reconocerse como hijos de Dios lleva también a reconocer al otro como hermano. Por ello, afirmó que la fraternidad y el amor cristiano nacen de comprender que todos tienen un mismo Padre.
“Si no nos sentimos hijos de Dios, si no nos sentimos como niños, es imposible vivir la caridad, porque la caridad es saber que el otro es mi hermano”, señaló.
Asimismo, destacó que el amor de Dios es universal y, al mismo tiempo, profundamente personal: Dios conoce, acompaña y busca a cada uno de sus hijos cuando se extravía.
LOS MÁRTIRES, TESTIGOS DE UN AMOR QUE VENCE AL ODIO
Mons. Cabrera López destacó que los mártires mexicanos supieron vivir el Evangelio hasta las últimas consecuencias y encontraron en su fe la fuerza para afrontar el martirio.
Subrayó que, siguiendo el ejemplo de Jesús en la cruz, ellos fueron capaces de no mirar a sus verdugos como enemigos, sino desde una perspectiva de fraternidad y perdón.
Por ello, señaló que la memoria de los mártires no debe utilizarse para renovar divisiones o distancias, sino para impulsar una cultura de reconciliación entre los mexicanos.
“La invitación que la Iglesia nos hace con esta memoria histórica no es renovar distancias, sino reconciliación. Miramos siempre cómo somos mexicanos y mexicanas, hermanas y hermanos en Cristo”, expresó.
Finalmente, invitó a los peregrinos a vivir como hijos de Dios, con humildad y confianza, especialmente en los momentos difíciles, convencidos de que el Señor permanece cercano y nunca abandona a sus hijos.
Con esta celebración ante Cristo Rey del Cubilete, la Arquidiócesis de Monterrey continúa su tradicional peregrinación anual, poniendo en las manos de Jesús las necesidades de sus comunidades, de sus familias y de toda la sociedad, y renovando su compromiso de vivir y anunciar el Evangelio.
El camino de peregrinación continuará con la visita al Tepeyac y a la Basílica de Guadalupe, donde los peregrinos de Monterrey elevarán nuevamente sus oraciones, poniendo bajo la protección de la Virgen de Guadalupe la vida y misión de toda la Iglesia de Monterrey.