La protección de los menores en la Iglesia

Responsabilidad – Rendición de cuentas – Transparencia

S.E. Mons. Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Monterrey
Presidente de la CEM

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tuteladelmenor@iglesiademonterrey.com

Como es bien sabido por todos, del 21 al 29 de febrero del año en curso, Su Santidad Francisco convocó a los Presidentes de todas las Conferencias Episcopales del mundo, y a otros pastores y laicos, a dialogar junto con él acerca del camino que la Iglesia ha seguido en la protección de menores y adultos vulnerables.

Fue un ejercicio de sinodalidad, en el que el Santo Padre tomó parte activa y participó en todos los momentos como lo hicimos todos: era un padre escuchando a sus hijos para buscar lo mejor para la familia. Esta cumbre buscó volver realidad lo señalado en el motu proprio “Como una madre amorosa”: la responsabilidad de tutelar el bien de los menores debe ser asumida por toda la Iglesia y no solo por los pastores, aunque de nosotros los pastores es la tarea principal.

La intención de la Cumbre, que decepcionó a víctimas de clérigos y activistas interesados en el bien de los menores que esperaban otro tipo de acciones, no era señalar caminos nuevos en la materia, sino revisar lo que cada uno ha hecho en su propia realidad para aplicar lo señalado por la autoridad del Papa[2], recordar y aplicar la actual legislación, además de compartir las experiencias de los diversos convocados y así, aprendiendo unos de otros, poder mejorar nuestro actuar como Iglesia universal.

Se utilizaron tres recursos principales: la escucha de las víctimas, pues a los participantes se nos pidió escuchar cara a cara a las víctimas del propio país[3] y durante la Cumbre se proyectaron diversos testimonios de personas que fueron abusadas por clérigos; el diálogo, motivado por las conferencias, que luego fueron profundizadas en pequeños círculos que hablaban no solo de lo expuesto sino, principalmente, de lo vivido en sus propias realidades

* Conferencia dictada en la Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

[1] Come una madre amorevole la Chiesa ama tutti i suoi figli, ma cura e protegge con un affetto particolarissimo quelli più piccoli e indifesi: si tratta di un compito che Cristo stesso affida a tutta la Comunità cristiana nel suo insieme. Consapevole di ciò, la Chiesa dedica una cura vigilante alla protezione dei bambini e degli adulti vulnerabili. Tale compito di protezione e di cura spetta alla Chiesa tutta, ma è specialmente attraverso i suoi Pastori che esso deve essere esercitato. Francisco, Come una madre amorevole, 04 de junio de 2016.
[2] Cf. Oficina de prensa de la Sana Sede, Dossier de prensa, 2.
[3] Personalmente, tanto cara a cara como por teléfono, me encontré con víctimas de mi propia Iglesia y de diversos puntos de la República. En estos encuentros estuve acompañado por Mons. Alfonso Miranda, Secretario General de la CEM y un miembro del Equipo Nacional para la Protección de Menores.

y que podría ser útil para todos; y la oración, que tuvo su punto central en la liturgia penitencial y en la Misa de clausura presidida por Su Santidad Francisco.

El dialogo en la Cumbre se dio sobre tres ejes: la responsabilidad, la rendición de cuentas y la transparencia.

1.   Responsabilidad, pues solo con el compromiso de todos los miembros de la Iglesia y la sociedad podemos erradicar la plaga de los abusos sexuales contra menores.

La responsabilidad no solo debe ser asumida por quien ha cometido el delito; todos los que conformamos la Iglesia debemos asumir un papel activo en la tutela de los menores y adultos vulnerables. Víctimas, familias, laicos, activistas, medios de comunicación, pastores… todos juntos haremos maravillas a favor de los niños.

Centrándonos en nuestra responsabilidad como pastores, es necesario que cada uno de nosotros y como Iglesia, podamos reconocer nuestros pecados o errores en este tema, en especial la inadecuada gestión de los crímenes cometidos contra los menores, buscando nunca repetir estos hechos abominables y estar verdaderamente cercanos a las víctimas y su entorno, es decir, a todos aquellos que se encuentran heridos por estas acciones[1].

Estos delitos han llevado a que la sociedad pierda la confianza en la misión de la Iglesia, pues la sociedad la responsabiliza de lo acaecido, en gran parte por la manera en que los obispos los hemos gestionado esta crisis[2]. Los delitos en sí mismos y el silencio de los pastores ante ellos han reducido la credibilidad de la Iglesia, debemos, pues, como pastores hacer todo lo posible por proteger a niños y vulnerables[3], tanto para evitar los abusos como para castigarlos cuando estos se presenten.

Como obispos, para hacer frente apropiadamente a estos delitos y cualquier otro delito que pueda cometer un clérigo (v.gr. una conducta inapropiada y contumaz entre adultos que consienten[4]), es importante que conozcamos a profundidad o al menos, que tengamos asesores apropiadamente preparados en la legislación canónica, en especial lo relativo a la investigación previa y al proceso penal, así como a la competencia[5], sin olvidar que nos comprometimos a colaborar con las autoridades competentes en el Estado[6].

[4] Un delito de estos no solo afecta al sujeto pasivo de la acción delictiva; su familia sufre, la comunidad eclesial sufre, la sociedad sufre y pierde confianza en la Iglesia y su misión. Cf. L.A. Tagle, The smell of the sheep, 1.[5] Cf. R. Salazar Gómez, La Iglesia en un momento de crisis, 9
[6] Cf. V. Openibo, Apertura al mundo, 1.
[7] Cf. Ch. J. Scicluna, Asumir la responsabilidad, 4
[8] Los delitos cometidos antes del 30 de abril del 2001 son competencia del obispo diocesano o del superior mayor de los institutos religiosos de derecho pontificio, a menos que se tratará de delitos cometidos contra preadolescentes, en cuyo caso la competencia es de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Esta última tiene competencia exclusiva en los delitos del género cometidos a partir de la fecha antes señalada.
[9] Cf. CEM, Líneas guía, 11-12

Siempre debemos respetar y hacer valer la jurisdicción del Estado en la materia, que incluye no solo el castigo para el delito sino también la indemnización para la reparación de los daños y perjuicios causados.

Debemos, pues, como padres y pastores, estar cercanos a las víctimas y su entorno para manifestarles la misericordia y el amor de la Iglesia; así como a nuestros clérigos, para prevenir abusos y encaminarlos a la santidad.

Además, aunque pueda sonar difícil para las víctimas, no podemos olvidarnos de la conversión del delincuente, pues solo teniendo presente este fin, tiene sentido el derecho penal canónico . Esta llamada a la conversión realizada a un hijo clérigo que ha delinquido nunca debe significar encubrimiento.

2.   Rendición de cuentas, para lo cual es necesario erradicar el clericalismo.

Nadie debe pensar que está por encima de la ley, y que sus actos no van a tener consecuencias adversas cuando son delictivos. Así, uno de los grandes retos en la búsqueda del respeto a los menores es la rendición de cuentas que, para nosotros clérigos, debe significar evitar el clericalismo que lleva a pensar que no tenemos que rendir cuentas a nadie de nuestras acciones ni debemos asumir las consecuencias de nuestros actos, en especial en un país como el nuestro, donde aun gozamos de gran estima del pueblo de Dios.

Lo anterior porque, relacionando los ejes de la responsabilidad y la rendición de cuentas, tenemos que reconocer que «un análisis somero de lo que ha sucedido nos permite constatar que no se trata solo de desviaciones o patologías sexuales en los abusadores, sino que hay una raíz más honda que es la tergiversación del ministerio convertido en medio para imponer la fuerza, para violar la conciencia y los cuerpos de los más débiles. Esto tiene un nombre: clericalismo»[13], de manera que, en la base de la mayoría de los abusos sexuales, sin negar otros factores, está el abuso de poder[14].

Así, es importante pues, que revisemos la relación que tenemos con nuestros clérigos (sacerdotes y diáconos), pues debemos hacernos realmente cargo, material y espiritualmente, de los clérigos, en especial de su santidad[15] vivida en la caridad pastoral.

[10] Cf. Ch. J. Scicluna, Asumir la responsabilidad, 5
[11] Como lo ha señalado la periodista mexicana Valentina Alazraki, desde el análisis que hace de estos acontecimientos terribles basada en su experiencia de madre, para la Iglesia, y por lo mismo para nosotros como padres y pastores, no deben existir hijos de primera e hijos de segunda: nunca hay que privilegiar la fama del clérigo en detrimento del desarrollo e integridad de los menores y adultos vulnerables, cf. V. Alazraki, Comunicación: para todas las personas, 2.
[12] El c. 1341 es el que muestra la naturaleza salvífica del derecho penal canónico, pues de manera indirecta establece que la finalidad de las penas en la Iglesia es la reparación del escándalo, el restablecimiento de la justicia y la enmienda del reo.
[13] R. Salazar Gómez, La Iglesia en un momento de crisis, 1
[14] Cf. R. Marx, La transparencia como comunidad, 6.
[15] Cf. L. Ghisoni, Communio: actuar juntos, 6

Para que puedan avanzar en este camino, debemos quitar de su vida y de la vida de nuestras Iglesias ese clericalismo que nos daña y es base de los abusos.

Por otro lado, para ejercitar apropiada y realmente la tutela de los menores en el ámbito penal y procesal y para que rindan cuentas los delincuentes tanto materiales como encubridores, es importante que informemos con claridad a la comunidad el derecho y deber que tiene de reportar la mala conducta de los clérigos y hagamos de dominio público los datos de contacto para que puedan realizar las denuncias correspondientes[16] tanto en el ámbito civil como canónico.

Nosotros, padres y pastores de la comunidad, debemos aprender de los padres de familia y defender a los menores y vulnerables en la Iglesia, como ellos defienden a los pequeños de sus familias: sin miedo a denunciar y enfrentar todo tipo de conflictos causados por la denuncia, al estar seguros y ciertos de hacer un bien a los menores y a la sociedad[17].

Además, cuando un delito ha sido comprobado en después del justo proceso debemos imponer una pena apropiada al delito cometido, buscando también la reparación apropiada del daño causado, aunque distinguiendo muy bien la responsabilidad de la institución y la del individuo[18], pues ambos pueden tener cierto nivel de responsabilidad.

En la rendición de cuentas también juega un papel importante la reparación del daño. Es un acto jurídico que tenemos que enfrentar de manera directa si queremos verdaderamente rendir cuentas, sin excusarnos en el pensamiento falso de que toda denuncia de estos delitos, se trata solo de búsqueda de dinero en lugar de justicia[19].

3.   Transparencia: la comunicación e información como derecho y deber.

Otro derecho importante en relación con los abusos sexuales es el que tienen todos los miembros de la Iglesia y de la sociedad a estar bien informados y, al mismo tiempo, los pastores tenemos el deber fundamental de informar apropiadamente sobre situaciones de este género, respetando siempre los derechos constitucionales y canónicos de todos los implicados en una denuncia o proceso sobre abuso sexual de menores o adultos vulnerables.

Una norma que debe entenderse y revisarse para ser actualizada y que no se preste a encubrimientos o malas interpretaciones es la relativa al secreto pontificio. Este secreto debe tutelar la dignidad de las personas, la buena fama de todos los involucrados y el bien de la Iglesia. Nunca debe convertirse en un motivo de encubrimiento o falta de denuncia

[16] Cf. Ch. J. Scicluna, Asumir la responsabilidad, 2.
[17] Cf. B. Cupich, Sinodalidad: conjuntamente responsables, 5
[18] Cf. CEM, Líneas guía, 20.
[19] Cf. R. Salazar Gómez, La iglesia en un momento de crisis, 9.

ante la autoridad civil competente[20]. En este análisis será de suma importancia la asesoría de nuestros mejores canonistas.

Al mismo tiempo, el hecho de que en otras instituciones también se presenten abusos contra menores y adultos vulnerables, incluso a mayor escala, y que no sean denunciados ni informados, no puede ser una excusa para quedarnos callados y no informar a la autoridad competente, para que haga justicia, y a la sociedad, para que tome las previsiones apropiadas. Seamos claros: «no hay ninguna justificación posible para no denunciar, para no desenmascarar, para no enfrentar con valor y contundencia cualquier abuso que se presente al interior de la Iglesia»[21].

Por otro lado, en nuestra vivencia de la transparencia y alejar de la Iglesia la sombra de la duda que ha generado la inapropiada gestión de los casos en el pasado, los medios de comunicación pueden ser grandes aliados, siempre y cuando nos pongamos al lado de las víctimas y la sociedad y no de los abusadores, convirtiéndonos en encubridores[22]. Es importante, pues, reconocer el papel de los medios de comunicación y de los periodistas honestos en esta lucha y el gran servicio que prestan a toda la sociedad[23].

En el camino que el Santo Padre Francisco nos ha marcado para tratar los posibles abusos sexuales contra menores y adultos vulnerables cometidos al interior de la Iglesia, aplican, en primer lugar, cuando un clérigo comete el delito, primer objetivo de la cumbre, pero también en segundo lugar, cuando lo comete otro miembro de la Iglesia que de una u otra manera tienen una situación de prevalencia ante el pueblo fiel (v.gr. miembros de la vida consagrada, catequistas, sacristanes, personal administrativo, etc.).

Es una tarea de todos, aun cuando podamos alegar que en nuestra Iglesia local no sucede, pues cada Obispo, si bien pastor de una Iglesia local, es responsable de toda la Iglesia: «la tutela de menores es trabajo de una Iglesia colegial y sinodal de manera que todos juntos debemos buscar justicia, sanación y peregrinar los caminos de conversión»[24].

No debemos, en nuestro actuar como Iglesia al abordar estos delitos, abandonar lo que nos es propio. Debemos tratar a todos los involucrados, primero y principalmente a las víctimas y su entorno, con compasión y misericordia[25], sin separar lo humano de lo divino pues debemos tender a ser una buena sociedad y una organización que sirva a las personas y no que las dañe[26]. Debemos, como objetivo primero, estar al lado de las víctimas y sus familias, así como de las comunidades que al ver a sus pastores pecar se desaniman en el camino de la santidad, y al mismo tiempo, estar al lado de los delincuentes para que se esfuercen en andar los caminos de conversión que podemos ofrecerles a través del derecho penal, tanto civil como canónico.

[20] Cf. L. Ghisoni, Communio: actuar juntos, 6
[21] R. Salazar Gómez, La Iglesia en un momento de crisis, 4.
[22] Cf. V. Alazraki, Comunicación: para todas las personas, 3.
[23] R. Salazar Gómez, La Iglesia en un momento de crisis, 4.
[24] O. Gracias, La obligación de rendir cuentas, 3.
[25] Cf. R. Salazar Gómez, La Iglesia en un momento de crisis, 4.
[26] Cf. R. Marx, La transparencia como comunidad, 4.

Aprendamos del pasado y de la perdida de credibilidad que hemos vivido: no cometamos los mismos errores y juntos comprometernos para seguir el camino de conversión que nos han marcado los últimos Papas y que Su Santidad Francisco junto con la Iglesia universal, en este acto colegial de la cumbre, nos han propuesto. Quedarnos callados solo llevaría a la indignación y a la rabia[27].

Por último, quiero recordarles, las ocho líneas que ha señalado el Papa para centrar nuestro trabajo para la tutela de menores y adultos vulnerables: la protección de los menores; procedimientos impecables para hacer justicia; una verdadera purificación; la formación de los candidatos al sacerdocio; reforzar y verificar las directrices de las Conferencias Episcopales; acompañar a las personas abusadas; acompañar a las personas abusadas; proteger a los menores en el mundo digital; combatir el turismos sexual.

Como nota final, aprovechando esta ocasión, quiero invitarlos, hermanos, a actuar sin miedo y con contundencia en la defensa a los menores: los sacerdotes y diáconos son nuestros hermanos e hijos, también lo son todos los menores y adultos vulnerables; no hagamos acepción de personas para defenderlos. Además, aprovechen los recursos que el Equipo Nacional para la Protección de los Menores y el CEPROME de la Universidad Pontificia de México tienen para ofrecerles; constituyan sus propias comisiones diocesanas o al menos provinciales. No hay que tener miedo ni reservas cuando cuidamos de los menores, no debemos escatimar en recursos humanos y económicos cuando lo hacemos.

CONFERENCIAS Y DOCUMENTOS

Alazraki, V., Comunicación: para todas las personas, recuperado de https://www.pbc2019.org/fileadmin/user_upload/presentations/23feb/23_Feb_3_Valentina_Alazraki_PBC_SPA-.pdf el 01 de abril de 2019.

Cupich, B., Sinodalidad: conjuntamente responsables, recuperado de https://www.pbc2019.org/fileadmin/user_upload/presentations/22feb/22_Feb_2_Card_Cupich_PBC_SPA-.pdf el 01 de abril de 2019.

Francisco, Come una madre amorevole, 04 de junio de 2016, recuperado de https://w2.vatican.va/content/francesco/it/motu_proprio/documents/papa-francesco-motu-proprio_20160604_come-una-madre-amorevole.html el 01 de abril de 2019.

Francisco, Discurso al final de la concelebración eucarística, 24 de febrero de 2019, recuperado de http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2019/february/documents/papa-francesco_20190224_incontro-protezioneminori-chiusura.html el 01 de abril de 2019.

Ghisoni, L., Communio: actuar juntos, recuperado de https://www.pbc2019.org/fileadmin/user_upload/presentations/22feb/22_Feb_3_Linda_Ghisoni_PBC_SPA-.pdf el 01 de abril de 2019.

Gracias, O., La obligación de rendir cuentas en una Iglesia colegial y sinodal, recuperado de https://www.pbc2019.org/fileadmin/user_upload/presentations/22feb/22_Feb_1_Cardinal_Gracias_PBC_SPA-.pdf el 01 de abril de 2019.

Marx, R., Transparencia como comunidad de creyentes, recuperado de https://www.pbc2019.org/fileadmin/user_upload/presentations/23feb/23_Feb_2_Cardinal_Marx_PBC_SPA.pdf el 01 de abril de 2019.

Oficina de prensa de la Santa Sede, Dossier de prensa para el encuentro sobre protección de menores, recuperado de https://www.pbc2019.org/fileadmin/user_upload/Dossier_de_prensa_-_SPAGNOLO_04.pdf el 01 de abril de 2019.

Openibo, V., Apertura al mundo como consecuencia de la misión eclesial, recuperado de https://www.pbc2019.org/fileadmin/user_upload/presentations/23feb/23_Feb_1_Sr_Veronica_Openibo_PBC_SPA.pdf el 01 de abril de 2019.

Scicluna, Ch., Asumir la responsabilidad de procesar los casos de crisis de abusos sexuales y de prevenir los abusos, recuperado de https://www.pbc2019.org/fileadmin/user_upload/presentations/21feb/21_Feb_2_Archbishop_Scicluna_PBC_SPA.pdf el 01 de abril de 2019.

Salazar Gómez, R., La Iglesia en un momento de crisis, responsabilidad del Obispo: enfrentar los conflictos y las tensiones y actuar decididamente, recuperado de https://www.pbc2019.org/fileadmin/user_upload/presentations/21feb/21_FEb_3_Cardinal_Salazar_PBC_SPA.pdf el 01 de abril de 2019.

Tagle, L.A., The smell of the sheep: knowing their pain and healing their wounds is at the core of the shepherd’s task, recuperado de https://www.pbc2019.org/fileadmin/user_upload/presentations/21feb/21_Feb_1_Cardinal_Tagle_PBC_ING_.pdf el 01 de abril de 2019.