Con una profunda reflexión sobre la guerra, el dolor humano y la esperanza de paz, inició este fin de semana el Festival Internacional de Música Sacra en la Catedral Metropolitana de Monterrey, donde se presentó la obra “Hombre Armado: Una Misa por la Paz”, del compositor galés Karl Jenkins.
La obra, encargada por la Armería Real para conmemorar el cambio de milenio, ofrece una mirada crítica al siglo XX —considerado uno de los más devastadores en la historia de la humanidad—, al tiempo que proyecta un mensaje de esperanza hacia un futuro más pacífico. Está dedicada a las víctimas del conflicto de Kosovo, cuya tragedia ocurría mientras el compositor desarrollaba la pieza.
Estrenada en el año 2000 por la Orquesta Filarmónica de Londres y el Coro Nacional Juvenil de Gran Bretaña, bajo la dirección del propio Jenkins, esta misa contemporánea toma como base la estructura tradicional católica —incluyendo el Kyrie, Sanctus, Agnus Dei y Benedictus—, pero se distingue por integrar textos provenientes de diversas culturas, religiones y tradiciones del mundo.
Desde el inicio, la obra cautivó al público con un redoble de tambores que dio paso a la melodía de L’Homme Armé, una canción popular francesa interpretada en flauta, que evoca la figura del “hombre armado”. A partir de ahí, el programa transitó por distintos momentos de intensidad: desde la súplica del Kyrie eleison hasta la tensión del Sanctus, pasando por pasajes marciales como ¡A la carga! y escenas dramáticas como Antorchas, inspirada en el Mahabharata, que describe con crudeza el sufrimiento en medio del fuego y la destrucción.
Uno de los momentos más conmovedores llegó con el Agnus Dei, donde, tras la evocación del horror de la guerra, emerge un anhelo de paz. La serenidad continuó con el Benedictus, introducido por un solo de violonchelo, que ofreció un respiro contemplativo antes del cierre.
El movimiento final, Mejor es la paz, retomó los temas iniciales para transformarlos en un mensaje esperanzador, subrayando que la paz debe prevalecer sobre la guerra, en palabras inspiradas en Thomas Malory.
Los asistentes disfrutaron ampliamente de la presentación, reconociendo la calidad interpretativa y la profundidad del mensaje. Al término del concierto, el maestro Gerardo Rocha Ovando agradeció la presencia del público e invitó a la comunidad a continuar participando en las actividades del festival, que se desarrollarán a lo largo de la semana en distintos recintos de la ciudad.
Con este arranque, el Festival Internacional de Música Sacra reafirma su propósito de ofrecer espacios de encuentro entre el arte, la espiritualidad y la reflexión social en Monterrey.