Con una basílica colmada de fieles y amantes de la música, el Festival Internacional de Música Sacra llegó a su fin la noche de ayer, tras seis días de intensas actividades celebradas del 23 al 28 de marzo en distintos recintos de la ciudad.
El cierre tuvo lugar en la Basílica de la Purísima, donde se presentó la imponente obra “El Hombre Armado: Una Misa por la Paz”, interpretada por el Coro Arquidiocesano de Monterrey y la Filarmónica Juvenil de Nuevo León. La velada reunió a una multitud que llenó el recinto, generando un ambiente de solemnidad, reflexión y esperanza.
La obra, de gran fuerza simbólica, abrió con un redoble de tambores y la evocadora melodía de la canción popular francesa L’Homme Armé, interpretada en flauta, mientras el coro entonaba un canto que advierte sobre la figura del “hombre armado”, marcando desde el inicio el tono dramático de la composición.
A lo largo de la interpretación, cada movimiento ofreció una experiencia distinta. El Kyrie eleison, súplica inicial de misericordia, dio paso al Sanctus, que, lejos de su carácter tradicionalmente jubiloso, mantuvo una tensión que evocaba la fragilidad de la paz en medio del conflicto.
Momentos particularmente intensos se vivieron en secciones como ¡A la carga!, donde trompetas y percusiones despertaron un ambiente marcial, interrumpido por reflexiones sobre el sacrificio en la guerra, así como en Antorchas, pasaje inspirado en el Mahabharata, que describió con crudeza el sufrimiento humano y animal en medio de la devastación.
En contraste, el Agnus Dei ofreció un respiro de esperanza, con una súplica por la paz tras el dolor de la guerra. Posteriormente, el Benedictus, introducido por un delicado solo de violonchelo, condujo a un ambiente de serenidad que invitó a la contemplación.
La obra concluyó con Mejor es la paz, un poderoso mensaje final que, retomando elementos musicales del inicio, transformó su sentido hacia una afirmación clara: la paz es siempre preferible a la guerra.
Al término de la presentación, los asistentes, puestos en pie, ofrecieron un prolongado y emotivo aplauso a los músicos e intérpretes, reconociendo no solo la calidad artística, sino también la profundidad del mensaje transmitido.
De esta manera, el Festival Internacional de Música Sacra cerró su edición en Monterrey, dejando en el público una huella de reflexión sobre la paz, la fe y el poder transformador del arte.