Con un profundo sentido de gratitud y esperanza, la Arquidiócesis de Monterrey celebró este domingo el cierre del Año Jubilar 2025. Fieles provenientes de diversas parroquias participaron en una peregrinación que partió del Santuario del Sagrado Corazón de Jesús, en el centro de la ciudad, y concluyó en la Catedral Metropolitana, donde el Arzobispo de Monterrey presidió la solemne Eucaristía.
Durante su homilía, el arzobispo destacó que, aunque concluye este tiempo jubilar, la misión de la Iglesia permanece siempre viva y en salida:
“Se cierra una puerta, pero nuestra Iglesia, que es de puertas abiertas y en salida, permanece siempre dispuesta a salir y cumplir con la misión que Dios nos ha dado: Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.”
Recordó que, a lo largo de este año, la Iglesia diocesana ha permanecido fiel a su sueño evangelizador: ser una comunidad con mirada y actitud misericordiosa, pero ahora también fortalecida en la esperanza que Dios le concede para dar frutos abundantes.
Inspirándose en la Sagrada Familia de Nazaret, el arzobispo invitó a las familias y a toda la comunidad eclesial a mirarse en su ejemplo:
“La familia de Nazaret es una familia que lucha, que sufre, pero al mismo tiempo ama y sigue adelante. Es una familia que ora, protege, cuida tiernamente y trabaja; una familia que no siempre vive donde quiere, sino donde puede.”
A partir de esta imagen, subrayó que la Iglesia local está llamada a vivir con esa misma actitud:
“Una Iglesia que escucha a Dios, que protege la vida, que ama con ternura y que trabaja. Esa es la tarea que el Señor nos encomienda al concluir este Año Jubilar.”
Mirando hacia el futuro inmediato, el arzobispo recordó que la Arquidiócesis continúa en un camino de discernimiento comunitario, tras los procesos de escucha y las asambleas parciales realizadas, y preparándose para la gran asamblea diocesana del mes de enero de 2026.
Expresó que el deseo común es responder con fidelidad a los llamados que Dios hace a la Iglesia regiomontana:
“Queremos ser una Iglesia unida, discípula, misionera, misericordiosa y llena de esperanza.”
Asimismo, insistió en que el Plan Pastoral Diocesano debe vivirse no solo en las estructuras eclesiales, sino especialmente en el seno de cada hogar:
“Queremos que el plan pastoral diocesano se viva en cada familia.”
La celebración concluyó con un ambiente de alegría, compromiso renovado y confianza en el actuar de Dios en la historia de la Iglesia de Monterrey, que se prepara para seguir caminando en comunión, misión y esperanza.