En un ambiente de profunda gratitud y alegría, las Misioneras Catequistas de los Pobres (MCP) conmemoraron este día el centenario de su fundación con la celebración de la Eucaristía al mediodía, presidida por Mons. Hilario González García, quien invitó a reconocer la acción de Dios a lo largo de estos cien años de historia y servicio.
Además hizo un llamado a “levantar la mirada al horizonte” y confiar plenamente en Dios, recordando que la vida y la misión están en sus manos.
Subrayó que este aniversario es una oportunidad para reavivar el amor y la caridad, inspirados en el corazón de Jesús, de modo que den frutos abundantes para el bien de la Iglesia y de la sociedad.
Mons. González García expresó su gratitud hacia la congregación, reconociendo su impacto en la formación de sacerdotes y en la vida pastoral de la Iglesia. Destacó que, a lo largo de un siglo, las religiosas han sido protagonistas en el anuncio del Evangelio, llevando esperanza especialmente a los más necesitados.
HISTORIA DE LA CONGREGACIÓN
La congregación nació en 1926 en un contexto adverso para la vida religiosa en México. En aquel tiempo, las leyes impulsadas durante el gobierno de Plutarco Elías Calles prohibían la fundación de congregaciones y la profesión de votos religiosos, lo que no impidió que la obra surgiera como signo de fe y perseverancia.
Las Misioneras Catequistas de los Pobres tienen como fundadores a Mons. José Juan de Jesús Herrera y Piña y a la religiosa italiana Angelina Rusconi Rolleri, quienes, movidos por un profundo amor a Dios y al pueblo, impulsaron una congregación con un fuerte carisma misionero orientado especialmente a los más necesitados, alejados y abandonados.
A lo largo de su historia, la congregación ha experimentado diversas etapas, incluso en su nombre: desde “Víctimas Apostólicas Guadalupanas”, pasando por “Hermanas Catequistas de los Pobres”, hasta consolidarse como Misioneras Catequistas de los Pobres. Su propuesta pastoral, innovadora para la época, se caracterizó por llevar el Evangelio más allá de los conventos, llegando a comunidades lejanas y respondiendo a las necesidades concretas del pueblo.
Las primeras misiones fuera de Monterrey se establecieron en estados como Durango y Oaxaca, marcando el inicio de una expansión que ha permitido a la congregación extender su labor evangelizadora en distintos puntos del país.
En el marco de este jubileo, las religiosas han invitado a los fieles a unirse en oración y acción de gracias por estos cien años de historia, renovando su compromiso de seguir “evangelizando con alegre esperanza”, fieles al carisma que les dio origen.
La celebración del centenario no solo recuerda el pasado, sino que proyecta el futuro de una congregación que, a pesar de las dificultades de su nacimiento, la crisis vocacional actual, continúa siendo signo vivo de fe, entrega y misión en la Iglesia.