La Iglesia de Monterrey refrendó su compromiso con la dignidad humana y la atención a las personas migrantes durante el informe anual de CasaNicolás, donde el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, destacó que “el que ama, permanece”, al reconocer la labor de quienes sostienen este proyecto de acogida y esperanza para cientos de migrantes.
En su mensaje, el obispo agradeció a colaboradores, voluntarios y benefactores que hacen posible la misión de CasaNicolás, subrayando que el amor auténtico exige perseverancia y permanencia, especialmente ante realidades complejas como la migración.
“Se requiere un amor que permanece independientemente de las circunstancias”, expresó, al reconocer el esfuerzo constante de quienes acompañan a las personas migrantes en su paso por Monterrey.
El arzobispo alertó también sobre el crecimiento de actitudes discriminatorias hacia los migrantes, fenómeno que calificó como contrario tanto a la razón como al Evangelio. Señaló que la Iglesia tiene la responsabilidad de promover una cultura de respeto y fraternidad, recordando que “todo ser humano tiene dignidad”, principio que definió como una “verdad matriz” que nunca puede ser desplazada por prejuicios o contextos sociales adversos.
Durante su reflexión, retomó la pregunta planteada actualmente por la Iglesia universal: Quo vadis, humanitas? (“¿A dónde va la humanidad?”), ante un contexto marcado por la confusión social, la polarización y la llamada “posverdad”. Frente a ello, propuso como guía los tres pilares de la Doctrina Social de la Iglesia: la verdad, la justicia y la libertad.
Asimismo, invitó a fortalecer el diálogo y la contextualización de los fenómenos sociales para comprender la realidad de manera integral, especialmente en temas como la migración. “Monterrey no es una isla”, afirmó, al señalar que la movilidad humana forma parte de un entramado internacional que exige sensibilidad y responsabilidad compartida.
El también presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano recordó que la dignidad humana debe prevalecer incluso en situaciones difíciles, como las cárceles, hospitales o contextos migratorios. Citó además el documento Dignitas Infinita, publicado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, como referencia para reafirmar el valor inviolable de cada persona.
Al referirse a la misión de CasaNicolás, destacó que, aunque sus acciones puedan parecer pequeñas frente a los grandes desafíos sociales, mantienen viva la esperanza y se convierten en signos concretos del Evangelio. “Siempre habrá un David frente a un Goliat, pero se requiere tener la fuerza de Dios”, expresó.
Finalmente, Rogelio Cabrera López recordó que todos, de una u otra manera, son migrantes, y describió a la ciudad como “un reencuentro de extraños que nos convertimos en amigos y hermanos”. Con ello, llamó a seguir construyendo una sociedad donde nadie sea excluido y donde prevalezca la misericordia y la esperanza.