En el marco del centenario de la congregación de las Catequistas de los Pobres, el Arzobispo de Monterrey, Mons. Rogelio Cabrera López, presidió la Santa Misa en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, donde agradeció el testimonio de este carisma nacido en la Iglesia de Monterrey y exhortó a toda la comunidad eclesial a no perder de vista a quienes viven en situación de mayor vulnerabilidad.
Al iniciar su homilía, el Arzobispo recordó que la Eucaristía es, ante todo, una acción de gracias.
“La Eucaristía, como de todas nuestras celebraciones, es agradecer; por eso se llama la Misa de acción de gracias. Hoy queremos agradecer de manera especial el carisma de las Catequistas de los Pobres”, expresó.
Mons. Cabrera destacó que esta celebración coincidió con la fiesta litúrgica del apóstol Santiago, cuya carta ofrece una fuerte llamada de atención contra la discriminación hacia los más necesitados. Recordó que la fundación de las Catequistas de los Pobres ocurrió hace cien años en la Iglesia particular de Monterrey, impulsada por el entonces Arzobispo Mons. Jesús María Herrera y Piña, quien comprendió la urgencia de llevar el Evangelio a quienes más lo necesitaban.
“El Evangelio es para todos, pero no podemos olvidar a los más pobres, porque muchas veces son socialmente invisibles”, afirmó.
El Arzobispo retomó el reciente mensaje del Papa León XIV, quien ha advertido que “la peor discriminación es la discriminación espiritual”, e invitó a toda la Iglesia a revisar constantemente qué se está haciendo para acercar el Evangelio a quienes viven en condiciones de pobreza.
Asimismo, recordó el pasaje de la carta del apóstol Santiago en el que se reprueba el trato preferencial hacia los ricos dentro de la asamblea cristiana, mientras los pobres son relegados, subrayando que esa enseñanza continúa siendo plenamente vigente.
Durante su reflexión, Mons. Cabrera señaló que la pobreza no es únicamente económica, sino que existen múltiples formas de pobreza, entre ellas la falta de amor, de esperanza y de sentido de vida.
“Los pobres siempre estarán con nosotros. No es una invitación a la resignación, sino un llamado permanente de Cristo para atender esta realidad”, explicó.
Añadió que, aunque la Iglesia está llamada a anunciar el Evangelio a todos, quienes han recibido mayores oportunidades tienen también la responsabilidad de mirar y acompañar a quienes viven en condiciones más difíciles.
Al dirigirse a las religiosas, reconoció los desafíos que enfrentan actualmente debido a la disminución de vocaciones, situación que ha obligado al cierre de algunas comunidades. Sin embargo, las animó a conservar vivo el espíritu que dio origen a su congregación.
“Que el criterio de su presencia nunca sea económico; que sea siempre el mismo que dio origen a esta fundación: cuidar a los más pobres”, exhortó.
El Arzobispo recordó que esta misión no corresponde únicamente a las Catequistas de los Pobres, sino a toda la Iglesia de Monterrey, que continúa creciendo y enfrenta el desafío permanente de llevar el Evangelio a una multitud de personas necesitadas en los municipios de la zona metropolitana.
Inspirado también en las palabras de san Pablo, señaló que todos los discípulos llevan “un tesoro en vasijas de barro”, conscientes de sus límites, pero confiando en que Dios completa aquello que humanamente no es posible realizar.
Finalmente, invitó a las religiosas a permanecer firmes en su vocación, mirando siempre a Cristo, a la Virgen María y a los más pobres como centro de su misión.
“No olviden a Cristo, no olviden a María, nuestra Madre, y jamás olviden a los más pobres. Miren hacia adelante con mucha esperanza, porque Dios lo puede todo”, expresó.
Antes de concluir, Mons. Rogelio Cabrera pidió la intercesión de Dios para que la venerable Gloria, cuya vida encarnó el carisma de la congregación, pueda ser elevada a los altares, reconociendo en ella un ejemplo de entrega generosa al anuncio del Evangelio entre los más necesitados.
La celebración reunió a religiosas, sacerdotes, fieles laicos y miembros de la Arquidiócesis de Monterrey, quienes dieron gracias a Dios por los cien años de servicio evangelizador de las Catequistas de los Pobres y renovaron su compromiso de seguir anunciando el Evangelio con especial cercanía hacia quienes más lo necesitan
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