A JESÚS CRUCIFICADO SE LE CONTEMPLA TAMBIÉN EN LOS HERMANOS QUE SUFREN

Ciudad del Vaticano (www.pastoralsiglo21.org) 9 de abril del 2017.- Durante la homilía del Domingo de Ramos, el Papa Francisco explicó que a Jesús no solo se le contempla en las imágenes, sino en el rostro de los hermanos engañados, pisoteados en su dignidad y descartados.

Inició diciendo que esta celebración tiene un sabor agridulce, pues en ella se ve la entrada triunfante de Jesús a Jerusalén, pero al mismo tiempo, se relata el Evangelio sobre su Pasión, explicó, por eso el corazón siente ese doloroso contraste.

“Este Jesús, que justamente según las Escrituras entra de esa manera en la Ciudad Santa, no es un iluso que siembra falsas ilusiones, no es un profeta new age, un vendedor de humo, todo lo contrario: es un Mesías bien definido, con la fisonomía concreta del siervo, el siervo de Dios y del hombre que va a la Pasión; es el gran paciente del dolor humano”, expresó.

“Así, al mismo tiempo que también nosotros festejamos a nuestro Rey, pensamos en el sufrimiento que Él tendrá que sufrir en esta semana. Pensamos en las calumnias, los ultrajes, los engaños, las traiciones, el abandono, el juicio inicuo, los golpes, los azotes, la corona de espinas… y en definitiva, pensemos en el vía crucis, hasta la crucifixión”

Dijo que Él nunca prometió honores y triunfos, siempre advirtió a sus amigos que el camino era ese, y que la victoria final pasaría a través de la pasión y de la cruz.

Lo mismo vale para nosotros, añadió, para seguir fielmente a Jesús, pedimos la gracia de hacerlo no de palabra, sino con los hechos, y de llevar nuestra cruz con paciencia, de no rechazarla, ni de deshacerse de ella, sino que, mirándolo a Él, aceptémosla y llevémosla día a día.

Meditó en el hecho de que Jesús no solo se contempla en las imágenes de su crucifixión, sino en los hermanos engañados, pisoteados en su dignidad, descartados.

“Jesús está en ellos, en cada uno de ellos, y con ese rostro desfigurado, con esa voz rota pide, nos pide, que se le mire, que se le reconozca, que se le ame”.

“No es otro Jesús: es el mismo que entró en Jerusalén en medio de un ondear de ramos de palmas y de olivos. Es el mismo que fue clavado en la cruz y murió entre dos malhechores. No tenemos otro Señor fuera de Él: Jesús, humilde Rey de justicia, de misericordia y de paz”.

Equipo Editorial de Pastoral Siglo XXI