La Arquidiócesis de Monterrey se prepara para celebrar con alegría la ordenación de 11 nuevos diáconos, quienes han recorrido años de formación, oración y discernimiento al servicio de Dios y de su Iglesia
Con el corazón lleno de alegría y esperanza, el Seminario de Monterrey, la comunidad de Hermanos Siervos de Nuestro Señor Jesucristo y las familias de los candidatos invitan a la comunidad a acompañar la Ordenación Diaconal de 11 hermanos seminaristas, quienes recibirán el ministerio mediante la imposición de manos y la oración de ordenación.
La celebración se llevará a cabo el jueves 27 de agosto a las 6:00 de la tarde, en la Basílica de Nuestra Señora del Roble, y será presidida por S.E. Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey.
Los nuevos diáconos son:
Un llamado a servir
La ordenación diaconal representa un paso significativo dentro del camino hacia el sacerdocio. Después de años de preparación y discernimiento, estos jóvenes asumirán un ministerio marcado por el servicio a Dios, a la Iglesia y a la comunidad, siguiendo el ejemplo de Cristo, que se hizo servidor de todos.
La invitación a participar en esta celebración destaca que la presencia y la oración de la comunidad son un regalo para los nuevos diáconos y para sus familias, quienes han acompañado de cerca este proceso vocacional.
El lema que acompaña la invitación recuerda las palabras de Jesús en el Evangelio de san Lucas:
«Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve».
Lucas 22, 27
Con este espíritu, la comunidad arquidiocesana está llamada a acompañar a quienes recibirán el diaconado, pidiendo al Señor que haga de ellos servidores según su corazón, dispuestos a entregar su vida en favor de sus hermanos.
La celebración será también una oportunidad para agradecer a Dios por el don de las vocaciones y para recordar que toda la comunidad tiene un papel importante en su acompañamiento.
La invitación está abierta a todos: acompañemos a estos nuevos diáconos con nuestra presencia, cercanía y, especialmente, con nuestra oración, para que puedan vivir con fidelidad y alegría el llamado que Dios les ha confiado.