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LOS HERMANOS MAYORES SON MEMORIA VIVA Y TESTIGOS DE ESPERANZA

𝐄𝐧 𝐥𝐚 𝐜𝐞𝐥𝐞𝐛𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞𝐥 𝐃𝐢́𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐇𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐌𝐚𝐲𝐨𝐫, 𝐞𝐥 𝐀𝐫𝐳𝐨𝐛𝐢𝐬𝐩𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐚𝐜𝐨́ 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐚𝐝𝐮𝐥𝐭𝐨𝐬 𝐦𝐚𝐲𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐦𝐢𝐬𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐟𝐞, 𝐥𝐚 𝐬𝐚𝐛𝐢𝐝𝐮𝐫𝐢́𝐚 𝐲 𝐞𝐥 𝐜𝐚𝐫𝐢𝐧̃𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐟𝐚𝐦𝐢𝐥𝐢𝐚𝐬 𝐲 𝐜𝐨𝐦𝐮𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝𝐞𝐬‧
En el marco de la celebración del Día del Hermano Mayor, organizada por la Pastoral del Hermano Mayor de la Arquidiócesis de Monterrey, el Arzobispo presidió la Santa Misa en la Basílica de Guadalupe, donde exhortó a vivir con un corazón semejante al de Cristo: manso, humilde y paciente, reconociendo además el invaluable papel que desempeñan las personas mayores en la vida de la Iglesia y de la sociedad.
Al reflexionar sobre el Evangelio, el Arzobispo recordó que Jesucristo es el Buen Pastor y que todos aquellos que desempeñan un servicio pastoral —diáconos, presbíteros y obispos— están llamados a ejercer su ministerio “según el corazón de Cristo“, un corazón que Él mismo describe como “manso y humilde”.
“𝐋𝐚 𝐦𝐚𝐧𝐬𝐞𝐝𝐮𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚 𝐧𝐨 𝐬𝐞𝐫 𝐯𝐢𝐨𝐥𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬, 𝐧𝐨 𝐬𝐞𝐫 𝐚𝐠𝐫𝐞𝐬𝐢𝐯𝐨𝐬 𝐧𝐢 𝐫𝐞𝐚𝐜𝐭𝐢𝐯𝐨𝐬.
Nos invita a cultivar un trato respetuoso con todos, acompañado de una virtud indispensable: la paciencia”, expresó.
En ese sentido, señaló que la paciencia brota del reconocimiento de la fragilidad humana, una realidad que, recordó, también ha sido subrayada por el Papa León XIV. “Todos somos frágiles y nadie puede caminar solo. Por eso el pastor debe ser profundamente paciente, porque sabe comprender los procesos de cada persona“, afirmó.
Asimismo, explicó que la humildad y la paciencia son virtudes inseparables.
“Quien vive desde la soberbia difícilmente podrá ser paciente. Todos los discípulos de Cristo estamos llamados a actuar conforme a su corazón”, añadió.
𝐄𝐥 𝐯𝐚𝐥𝐨𝐫 𝐢𝐧𝐬𝐮𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐢𝐛𝐥𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐦𝐚𝐲𝐨𝐫𝐞𝐬
Dirigiéndose especialmente a los integrantes de la Pastoral del Hermano Mayor, el Arzobispo agradeció el testimonio que ofrecen en sus familias, parroquias y comunidades, donde su experiencia y cercanía se convierten en una escuela de humanidad.
Para ilustrar esta misión compartió una sencilla anécdota: una madre pedía a la abuela que dejara de consentir tanto a su nieto; sin embargo, la respuesta de la abuela fue clara: “A ti te corresponde corregir; a mí me toca darle cariño”.
Con este ejemplo explicó que toda persona necesita disciplina y corrección, pero también ternura, afecto y comprensión para crecer plenamente.
Recordó además que Dios mismo educa con paciencia, como lo muestran las parábolas del trigo y la cizaña o del grano de mostaza, donde el Señor invita a esperar con confianza el tiempo de cada persona. “Tenemos un Dios paciente y clemente, que nunca deja de acompañar nuestro crecimiento”, señaló.
𝐂𝐮𝐬𝐭𝐨𝐝𝐢𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐞𝐦𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐲 𝐥𝐚𝐬 𝐫𝐚𝐢́𝐜𝐞𝐬
Durante su mensaje, el Arzobispo retomó también las enseñanzas del Papa Francisco, quien durante su pontificado insistió en reconocer a los adultos mayores como guardianes de la memoria y transmisores de la fe.
“La sabiduría que regalan los años permite reconocer los propios errores y comprender también los de los jóvenes y de los niños. Esa experiencia no puede quedarse guardada; debe compartirse”, expresó.
Asimismo, invitó a las nuevas generaciones a no olvidar sus raíces, pues conocer la propia historia fortalece la identidad y ayuda a construir el futuro con esperanza. Recordó que incluso la genealogía de Jesucristo muestra cómo Dios actúa en la historia concreta de las personas, transformándola con su amor.
Finalmente, animó a los hermanos mayores a seguir viviendo esta etapa con alegría, siendo presencia de ternura, consejo y esperanza para sus familias y comunidades, recordando que la experiencia de vida, iluminada por la fe, continúa siendo un regalo invaluable para toda la Iglesia.
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