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JUEVES SANTO: LA FAMILIA CLAVE PARA APRENDER EL SERVICIO

En el marco de la celebración del Jueves Santo, la Catedral Metropolitana de Monterrey reunió a numerosos fieles que acudieron para conmemorar la institución de la Eucaristía, en una ceremonia presidida por el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, quien centró su homilía en el profundo significado de este sacramento y en la vivencia del servicio cristiano.

Desde el inicio de su mensaje, el prelado expresó su alegría por la participación de los fieles, especialmente de aquellos que mantienen la tradición de recorrer los templos durante esta jornada. Subrayó que, para los católicos, las iglesias son “lugares de presencia divina”, donde Cristo permanece en el sagrario, y no simples espacios de reunión.

“El Señor Jesús quiso que el pan y el vino fueran signo de su presencia”, recordó, al destacar que la Eucaristía es la actualización viva del sacrificio de Cristo, en el que el pan representa su cuerpo entregado y el vino su sangre derramada. 

En este sentido, invitó a los fieles a reconocer la presencia real de Cristo y a vivir este misterio con fe profunda.

El arzobispo también situó esta celebración en una perspectiva histórica, recordando que la Iglesia se prepara para conmemorar, en el año 2033, los dos mil años de la institución de la Eucaristía. “Son dos mil años en que los sucesores de los apóstoles llevan adelante esta memoria eucarística”, señaló.

Uno de los ejes centrales de su homilía fue la enseñanza que Jesús dejó durante la Última Cena, especialmente a través del gesto del lavatorio de los pies. Retomando una expresión popular —“en la mesa se conoce a la gente”—, el arzobispo destacó que la mesa no solo es un lugar para compartir alimentos, sino también un espacio privilegiado de formación en valores.

En este sentido, hizo un llamado especial a las familias a convertir la convivencia diaria en una auténtica escuela de servicio, donde se enseñe el respeto, la gratitud y la generosidad. Advirtió que, cuando la mesa se convierte en un espacio de conflicto o indiferencia, se pierde una oportunidad fundamental para la formación humana y cristiana.

“El Señor les lavó los pies a sus discípulos para enseñarles que lo que hace grande a una persona es su deseo de sacrificarse por los demás”, afirmó. Así, explicó que la Eucaristía no solo es banquete y memoria, sino también sacrificio, recordando el esfuerzo de tantas personas que hacen posible el alimento cotidiano.

Durante la celebración, el arzobispo realizó el tradicional rito del lavatorio de los pies, en esta ocasión a dos familias de Monterrey, como signo del compromiso de vivir el servicio en el hogar. Este gesto, dijo, busca reforzar la importancia de la familia como “la mejor escuela del servicio”.

Finalmente, el Arzobispo invitó a los fieles a aprender tanto a servir como a dejarse servir, siguiendo el ejemplo de Cristo. Advirtió que quien no valora el servicio de los demás pierde una enseñanza fundamental para la vida.

Con esta celebración, la Iglesia en Monterrey reafirmó el sentido profundo del Jueves Santo: un día para contemplar el amor de Cristo hecho Eucaristía y traducido en servicio concreto hacia los demás.

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