En el marco del tercer día de actividades del Congreso Nacional de Música Sacra, este día se celebró la Santa Misa en el Santuario de Nuestra Señora de Fátima, en el municipio de San Pedro Garza García, como parte central del camino espiritual que viven los participantes de este importante encuentro eclesial.
La Sagrada Eucaristía fue presidida por Mons. Fray César Garza Miranda, Obispo Auxiliar de Monterrey, quien en su homilía ofreció una profunda reflexión dirigida especialmente a quienes, a través de la música, sirven a la liturgia y a la vida pastoral de la Iglesia.
Al iniciar su mensaje, el obispo recordó el Evangelio proclamado el domingo anterior, en el que Jesús invita a sus discípulos a ser sal de la tierra y luz del mundo, subrayando que esta misión no puede entenderse únicamente como una tarea externa, sino que nace de una experiencia interior de encuentro con Dios.
Señaló que solo quien ha sido transformado interiormente puede luego iluminar y dar sabor a la vida de los demás, del mismo modo que la música litúrgica brota del corazón que ha sido tocado por el Señor.
Mons. Garza Miranda se detuvo también en la primera lectura del libro de los Reyes, donde se narra la visita de la reina de Sabá al rey Salomón. Destacó que la reina no se conformó con lo que había escuchado, sino que quiso ver y experimentar por sí misma la sabiduría que provenía de Dios, quedando profundamente sorprendida al constatar que la realidad superaba lo que le habían contado.
A partir de este pasaje, el obispo subrayó que la verdadera sabiduría no se mide por bienes materiales o prestigio, sino por la presencia del Espíritu de Dios, que concede discernimiento, alegría y armonía al corazón humano.
En relación con el Evangelio, el obispo invitó a los presentes a no reducir la fe a un mero cumplimiento exterior de normas o ritos, sino a vivirla desde gestos concretos de misericordia, cercanía y servicio, siguiendo el ejemplo de Jesús, quien tocaba, sanaba y se dejaba tocar por quienes buscaban consuelo y salvación.
En este sentido, advirtió que no basta con “saber mucho de Dios”, sino que es necesario proceder desde el corazón, dejando que la experiencia personal con el Señor transforme la manera de actuar y de servir.
Dirigiéndose de manera especial a los músicos litúrgicos, Mons. Garza Miranda enfatizó que, aunque la técnica y la preparación son importantes, nada sustituye a un corazón bien conectado con Dios.
“La música que verdaderamente toca y transforma es la que nace de una experiencia viva con el Señor”, afirmó, señalando que cuando el canto brota de un encuentro auténtico con Dios, se convierte en un medio privilegiado de comunión y evangelización dentro de la comunidad.
Finalmente, el obispo exhortó a los participantes del Congreso a compartir con generosidad aquello que han recibido, recordando que solo se puede transmitir lo que se lleva en el corazón, y pidió la intercesión de la Santísima Virgen María para que conceda la gracia de vivir este ministerio con humildad, coherencia y profunda vida espiritual.
Con esta celebración eucarística, el Congreso Nacional de Música Sacra continúa fortaleciendo su dimensión espiritual, recordando que toda acción pastoral, y de manera especial la música litúrgica, encuentra su sentido pleno cuando nace del encuentro personal con Dios y se pone al servicio del pueblo fiel.