Con una solemne Eucaristía celebrada en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, la Arquidiócesis de Monterrey conmemoró el 50 aniversario de ordenación sacerdotal de Monseñor Heriberto Cavazos Pérez, obispo auxiliar emérito, dando gracias a Dios por su vida y su fecundo ministerio al servicio del Pueblo de Dios.
El Arzobispo de Monterrey, en su homilía compartió una profunda reflexión a partir de los pasajes bíblicos elegidos por el propio Monseñor Heriberto: la vocación del profeta Samuel y el relato de los discípulos de Emaús. Dos historias —señaló— que han marcado su camino sacerdotal y en las que él mismo se ha identificado.
El Arzobispo destacó que ambas narraciones presentan una dificultad superada: en la historia de Samuel, la capacidad de escuchar la voz de Dios, discerniendo su llamado en medio de otras voces; y en Emaús, el caminar en la incertidumbre, preguntándose hacia dónde se dirige la vida. “Es el misterio de nuestra vocación —afirmó—: Dios no nos llama, por lo general, mediante apariciones extraordinarias, sino a través de otras personas, de la Iglesia, de un mediador que pronuncia nuestro nombre”.
En este contexto, expresó su gratitud porque, hace 50 años, Dios confirmó el llamado de Monseñor Heriberto a través de Monseñor Espino, sellando así su vocación sacerdotal. Asimismo, subrayó la importancia de descubrir el sentido del camino, recordando que Jesús es quien da orientación y plenitud a la vida humana.
Como síntesis espiritual, el Arzobispo invitó a que dos oraciones acompañen siempre el caminar de Monseñor Heriberto: la súplica de Samuel, “Habla, Señor, que tu siervo escucha”, y la petición de los discípulos de Emaús, “Quédate con nosotros, porque atardece”.
Durante la celebración, también se recordó el pasaje del Eclesiastés —“hay un tiempo para todo”—, evocando palabras recientes del Papa León, quien retomó una enseñanza del Papa Francisco sobre la importancia de aprender a despedirse, reconociendo las etapas de la vida con gratitud y esperanza.
El Arzobispo destacó que estos 50 años representan un testimonio de amor entregado: “50 años en los que Cristo lo ha amado hasta el extremo; 50 años en los que la Virgen María le ha mostrado su ternura; y 50 años en los que el pueblo de Dios le ha manifestado su afecto”.
Al finalizar la celebración, Monseñor Heriberto Cavazos Pérez dirigió un emotivo mensaje de agradecimiento. Dio gracias al Arzobispo por su homilía, recordó con humildad el día de su ordenación sacerdotal y expresó su certeza de que, en el corazón de Dios, su vocación estaba presente desde mucho antes. Agradeció de manera especial la presencia de los fieles, así como a todas las comunidades donde ha servido como seminarista y sacerdote, al Seminario de Monterrey y a las diversas realidades eclesiales que han marcado su ministerio.
Finalmente, compartió dos principios que —dijo— lleva profundamente en el corazón y procura vivir cada día: la fraternidad sacerdotal y la caridad pastoral, pilares que han guiado su servicio a la Iglesia a lo largo de cinco décadas.