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Prot. No. 202/2020
20 de Abril de 2020

Comunicado

A todos los sacerdotes de nuestra amada Iglesia, ¡paz y bien!

Estimados hermanos:

Damos gracias al Señor de la Vida en esta Pascua 2020, en la que nos fortalece de manera especial frente a la emergencia sanitaria, económica y social. Desde que supe las implicaciones que tendría la llegada del COVID19 en nuestra comunidad, encomendé a todos al amor de María, Nuestra Señora del Roble, pidiéndole su intercesión ante su Hijo para que nos diera fe renovada, esperanza firme y caridad fuerte. Además, le pedí al Señor Jesús la luz para discernir con prudencia cristiana y fortaleza para tomar las decisiones necesarias para salvaguardar la salud de nuestro pueblo, alentar la tarea evangelizadora y fortalecer los corazones de todos.

Quiero agradecerles por su unidad y vivencia de la caridad, incluso animando a su comunidad a ser parte de la Providencia Divina para los más necesitados; por su fidelidad al ministerio sagrado, al continuar elevando su voz a Dios en favor de su pueblo; y por su obediencia a las disposiciones que he dado antes y durante esta cuarentena. Disfruté mucho y me dio un gran testimonio de vida sacerdotal que en la celebración de la Cuaresma y la Semana Santa, vi su entusiasmo y el de los feligreses para animar la fe y celebrar la Pascua aprovechando los medios tecnológicos y realizando acciones pastorales con los cuidados debidos para acercar al Señor a su pueblo. Hubo también momentos en los que el sentimiento desbordó la prudencia, pongamos atención para no exponer la salud de las personas. Comparto el dolor del pueblo y de sus sacerdotes por no poder acceder a los sacramentos y compartir la vida eclesial, como lo hacíamos habitualmente. Han llegado mensajes a nuestras redes, en los que algunas personas expresan su dolor y necesidad, quisieran que este cáliz pasara ya. Les aseguro que las decisiones tomadas no son capricho ni indiferencia, al contrario, son tomadas con toda esperanza y responsabilidad, en el ministerio que la Misericordia Divina me encomienda.

Además, me llenó de alegría la manera en la que las diversas iglesias domésticas, las familias, animadas por sus pastores, los padres de familia han asumido la vivencia de su fe y la proclamación de la palabra de Dios. Sigamos animándolas no solo a seguir la Santa Misa sino también a vivir la celebración de la palabra entre ellos y el encuentro que fortalece las relaciones: no podemos dejar pasar esta oportunidad de fortalecer estas iglesias.

Estamos ya a poco más de un mes que inició la medida de quedarnos en casa. El contagio sigue en una forma moderada, pero estamos en las etapas más críticas. En diálogo con las autoridades de salud, reconozco que aún no sabemos cuando regresará todo a la “normalidad” o al momento en que tendremos que construir juntos una “nueva normalidad”, ya que esta pandemia ha desestructurado muchos andamiajes sociales y será necesario una nueva reflexión, nueva actitud, nuevas acciones con una fe renovada. Sabemos que ese momento llegará más pronto si continuamos con el cumplimiento de las medidas sanitarias. Vivimos una verdadera poda existencial, el Viñador sabe cuidar de su viña, estamos ciertos en la esperanza en que Él proveerá.

Mientras tanto quiero pedirles que no bajemos la guardia. Recordemos todos las medidas sanitarias dispuestas hasta ahora. Recordemos a nuestros feligreses el amor fiel de todos cuidando de todos. Recuerden que no podemos congregar a nuestros fieles ya que los exponemos a ellos, a sus familias y a otras personas de contacto a contraer el virus, es responsabilidad nuestra conservar el orden sanitario por el bien de todos. Sigamos celebrando la Eucaristía en nuestros templos a puerta cerrada, invitemos a la oración, realicemos encuentros virtuales, compartamos catequesis, preparemos misiones virtuales, animemos el espíritu de nuestro pueblo, para alabar a Dios, pedirle sabiduría y fortaleza para todos. Pronto llegará el día en que podamos encontrarnos cara a cara y darnos el abrazo y calor humano que todos estamos necesitando.

Para seguir animándonos unos a otros en la vida ministerial, quiero convocarlos a todos a una JUNTA DE PRESBITERIO VIRTUAL, EL PRÓXIMO JUEVES 23 DE ABRIL, DE 10 A 11:30AM, en la que podremos orar juntos un momento, compartirles un mensaje de Pascua e información importante para todos. Por medio de nuestras redes, se les hará llegar la información necesaria para conectarse desde sus computadoras y dispositivos electrónicos.

Me despido encomendando nuevamente a nuestro pueblo al amparo amoroso de Nuestra Señora del Roble.