{"id":14839,"date":"2021-10-10T08:00:48","date_gmt":"2021-10-10T08:00:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/?p=14839"},"modified":"2021-10-11T11:56:12","modified_gmt":"2021-10-11T16:56:12","slug":"discurso-del-papa-francisco-en-la-apertura-del-proceso-sinodal-sobre-la-sinodalidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/discurso-del-papa-francisco-en-la-apertura-del-proceso-sinodal-sobre-la-sinodalidad\/","title":{"rendered":"DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO EN LA APERTURA DEL PROCESO SINODAL SOBRE LA SINODALIDAD"},"content":{"rendered":"<p><em>Por: Juan Pablo V\u00e1zquez Rodr\u00edguez <\/em><br \/>\n<em>Monterrey, N.L. (www.pastoralsiglo21.org).- 10 de octubre del 2021<\/em><\/p>\n<p><strong>El Papa Francisco presidi\u00f3 en la ma\u00f1ana de este 9 de octubre en el Aula Nueva del S\u00ednodo, en el Vaticano, el momento de reflexi\u00f3n previo a la apertura de los trabajos del pr\u00f3ximo S\u00ednodo de los Obispos que culminar\u00e1 con la Asamblea General del S\u00ednodo en octubre de 2023 con el t\u00edtulo \u201cPor una Iglesia Sinodal: comuni\u00f3n, participaci\u00f3n y misi\u00f3n\u201d.<\/strong><\/p>\n<p>La apertura oficial del S\u00ednodo de los Obispos tendr\u00e1 lugar ma\u00f1ana domingo 10 de octubre con la celebraci\u00f3n de la Santa Misa presidida por el Papa Francisco en la Bas\u00edlica de San Pedro del Vaticano.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, el texto completo del discurso del Papa Francisco:<\/p>\n<p><strong>Queridos hermanos y hermanas:<\/strong><\/p>\n<p><strong>Deseo en primer lugar agradecerles por estar aqu\u00ed, en la apertura del S\u00ednodo. Han venido por muchos caminos y de muchas Iglesias, llevando cada uno en el coraz\u00f3n preguntas y esperanzas, y estoy seguro de que el Esp\u00edritu nos guiar\u00e1 y nos dar\u00e1 la gracia para seguir adelante juntos, para escucharnos rec\u00edprocamente y para comenzar un discernimiento de nuestro tiempo, siendo solidarios con las fatigas y los deseos de la humanidad.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Repito que el S\u00ednodo no es un Parlamento, que el S\u00ednodo no es un sondeo sobre opiniones, el S\u00ednodo es un momento eclesial, y el protagonista del S\u00ednodo es el Esp\u00edritu Santo. Si no est\u00e1 el Esp\u00edritu, no habr\u00e1 S\u00ednodo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Vivamos este S\u00ednodo en el esp\u00edritu de la oraci\u00f3n que Jes\u00fas elev\u00f3 al Padre con vehemencia por los suyos: \u00abQue todos sean uno\u00bb (Jn 17,21). Estamos llamados a la unidad, a la comuni\u00f3n, a la fraternidad que nace de sentirnos abrazados por el amor divino, que es \u00fanico.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Todos, sin distinciones, y en particular nosotros Pastores, como escrib\u00eda san Cipriano: \u00abDebemos mantener y defender firmemente esta unidad, sobre todo los obispos, que somos los que presidimos en la Iglesia, a fin de probar que el mismo episcopado es tambi\u00e9n uno e indiviso\u00bb (De Ecclesiae catholicae unitate, 5). Por eso, caminamos juntos en el \u00fanico Pueblo de Dios, para hacer experiencia de una Iglesia que recibe y vive el don de la unidad, y que se abre a la voz del Esp\u00edritu.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Las palabras clave del S\u00ednodo son tres: comuni\u00f3n, participaci\u00f3n y misi\u00f3n. Comuni\u00f3n y misi\u00f3n son expresiones teol\u00f3gicas que designan el misterio de la Iglesia, y es bueno que hagamos memoria de ellas.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El Concilio Vaticano II precis\u00f3 que la comuni\u00f3n expresa la naturaleza misma de la Iglesia y, al mismo tiempo, afirm\u00f3 que la Iglesia ha recibido \u00abla misi\u00f3n de anunciar el reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese reino\u00bb (Lumen gentium, 5).<\/strong><\/p>\n<p><strong>La Iglesia, por medio de esas dos palabras, contempla e imita la vida de la Sant\u00edsima Trinidad, misterio de comuni\u00f3n ad intra y fuente de misi\u00f3n ad extra. Despu\u00e9s de un tiempo de reflexiones doctrinales, teol\u00f3gicas y pastorales que caracterizaron la recepci\u00f3n del Vaticano II, san Pablo VI quiso condensar precisamente en estas dos palabras \u2014comuni\u00f3n y misi\u00f3n\u2014 \u00ablas l\u00edneas maestras, enunciadas por el Concilio\u00bb.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Conmemorando la apertura, afirm\u00f3 en efecto que las l\u00edneas generales hab\u00edan sido \u00abla comuni\u00f3n, es decir, la cohesi\u00f3n y la plenitud interior, en la gracia, la verdad y la colaboraci\u00f3n [\u2026], y la misi\u00f3n, que es el compromiso apost\u00f3lico hacia el mundo contempor\u00e1neo\u00bb (\u00c1ngelus, 11 octubre 1970). Que no es proselitismo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Clausurando el S\u00ednodo de 1985 \u2014veinte a\u00f1os despu\u00e9s de la conclusi\u00f3n de la asamblea conciliar\u2014, tambi\u00e9n san Juan Pablo II quiso reafirmar que la naturaleza de la Iglesia es la koinonia; de ella surge la misi\u00f3n de ser signo de la \u00edntima uni\u00f3n de la familia humana con Dios. Y a\u00f1ad\u00eda: \u00abEs sumamente conveniente que en la Iglesia se celebren S\u00ednodos ordinarios y, llegado el caso, tambi\u00e9n extraordinarios\u00bb.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Estos, para que sean fruct\u00edferos, tienen que estar bien preparados; \u00abes preciso que en las Iglesias locales se trabaje en su preparaci\u00f3n con la participaci\u00f3n de todos\u00bb (Discurso en la clausura de la II Asamblea extraordinaria del S\u00ednodo de los Obispos, 7 diciembre 1985). Esta es la tercera palabra, participaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Si no se cultiva una praxis eclesial que exprese la sinodalidad de manera concreta a cada paso del camino y del obrar, promoviendo la implicaci\u00f3n real de todos y cada uno, la comuni\u00f3n y la misi\u00f3n corren el peligro de quedarse como t\u00e9rminos un poco abstractos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Quisiera decir que celebrar un S\u00ednodo siempre es hermoso e importante, pero es realmente provechoso si se convierte en expresi\u00f3n viva del ser Iglesia, de un actuar caracterizado por una participaci\u00f3n aut\u00e9ntica.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Y esto no por exigencias de estilo, sino de fe. La participaci\u00f3n es una exigencia de la fe bautismal. Como afirma el ap\u00f3stol Pablo, \u00abtodos nosotros fuimos bautizados en un mismo Esp\u00edritu para formar un solo cuerpo\u00bb (1 Co 12,13).<\/strong><\/p>\n<p><strong>En el cuerpo eclesial, el \u00fanico punto de partida, y no puede ser otro, es el Bautismo, nuestro manantial de vida, del que deriva una id\u00e9ntica dignidad de hijos de Dios, aun en la diferencia de ministerios y carismas. Por eso, todos estamos llamados a participar en la vida y misi\u00f3n de la Iglesia. Si falta una participaci\u00f3n real de todo el Pueblo de Dios, los discursos sobre la comuni\u00f3n corren el riesgo de permanecer como intenciones piadosas.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Hemos avanzado en este aspecto, pero todav\u00eda nos cuesta, y nos vemos obligados a constatar el malestar y el sufrimiento de numerosos agentes pastorales, de los organismos de participaci\u00f3n de las di\u00f3cesis y las parroquias, y de las mujeres, que a menudo siguen quedando al margen. \u00a1La participaci\u00f3n de todos es un compromiso eclesial irrenunciable!<\/strong><\/p>\n<p><strong>Todos los bautizados. Esta es la carta de identidad: el Bautismo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El S\u00ednodo, al mismo tiempo que nos ofrece una gran oportunidad para una conversi\u00f3n pastoral en clave misionera y tambi\u00e9n ecum\u00e9nica, no est\u00e1 exento de algunos riesgos. Cito tres de ellos. El primero es el formalismo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Un S\u00ednodo se puede reducir a un evento extraordinario, pero de fachada, como si nos qued\u00e1ramos mirando la hermosa fachada de una iglesia, pero sin entrar nunca. En cambio, el S\u00ednodo es un itinerario de discernimiento espiritual efectivo, que no emprendemos para dar una imagen bonita de nosotros mismos, sino para colaborar mejor con la obra de Dios en la historia.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por tanto, si hablamos de una Iglesia sinodal no podemos contentarnos con la forma, sino que necesitamos la sustancia, los instrumentos y las estructuras que favorezcan el di\u00e1logo y la interacci\u00f3n en el Pueblo de Dios, sobre todo entre los sacerdotes y los laicos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfPor qu\u00e9 subrayo esto? Porque en ocasiones hay cierto elitismo en el orden presbiterial que lo aparta de los laicos, y el sacerdote se convierte al final en el patr\u00f3n de la barraca, y nosotros, pastores, y nosotros pastores de una Iglesia que avanza.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Esto requiere que transformemos ciertas visiones verticalistas, distorsionadas y parciales de la Iglesia, del ministerio presbiteral, del papel de los laicos, de las responsabilidades eclesiales, de los roles de gobierno, entre otras.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Un segundo riesgo es el intelectualismo. La abstracci\u00f3n. La realidad va por all\u00ed, y nosotros, con nuestras reflexiones, vamos por otra parte. Convierte el S\u00ednodo en una especie de grupo de estudio, con intervenciones cultas pero abstractas sobre los problemas de la Iglesia y los males del mundo; una suerte de \u201chablar por hablar\u201d, donde se act\u00faa de manera superficial y mundana, terminando por caer otra vez en las habituales y est\u00e9riles clasificaciones ideol\u00f3gicas y partidistas, y alej\u00e1ndose de la realidad del Pueblo santo de Dios y de la vida concreta de las comunidades dispersas por el mundo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por \u00faltimo, puede surgir la tentaci\u00f3n del inmovilismo. Es mejor no cambiar, puesto que \u00absiempre se ha hecho as\u00ed\u00bb (Exhort. apost. Evangelii gaudium, 33). Esta palabra es un veneno en la vida de la Iglesia: \u2018Siempre se ha hecho as\u00ed\u2019. Quienes se mueven en este horizonte, aun sin darse cuenta, caen en el error de no tomar en serio el tiempo en que vivimos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El riesgo es que al final se adopten soluciones viejas para problemas nuevos; un pedazo de tela nueva, que como resultado provoca una rotura m\u00e1s grande (cf. Mt 9,16). Por eso, es importante que el camino sinodal lo sea realmente, que sea un proceso continuo; que involucre \u2014en fases diversas y partiendo desde abajo\u2014 a las Iglesias locales, en un trabajo apasionado y encarnado, que imprima un estilo de comuni\u00f3n y participaci\u00f3n marcado por la misi\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por tanto, vivamos esta ocasi\u00f3n de encuentro, escucha y reflexi\u00f3n como un tiempo de gracia que, en la alegr\u00eda del Evangelio, nos permita captar al menos tres oportunidades. La primera es la de encaminarnos no ocasionalmente sino estructuralmente hacia una Iglesia sinodal; un lugar abierto, donde todos se sientan en casa y puedan participar.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El S\u00ednodo tambi\u00e9n nos ofrece una oportunidad para ser una Iglesia de la escucha, para tomarnos una pausa de nuestros ajetreos, para frenar nuestras ansias pastorales y detenernos a escuchar.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Escuchar el Esp\u00edritu en la adoraci\u00f3n y la oraci\u00f3n. Cu\u00e1nto nos falta hoy la oraci\u00f3n de la adoraci\u00f3n. Muchos han perdido, no solo el h\u00e1bito, tambi\u00e9n la noci\u00f3n de qu\u00e9 significa adorar. Escuchar a los hermanos y hermanas acerca de las esperanzas y las crisis de la fe en las diversas partes del mundo, las urgencias de renovaci\u00f3n de la vida pastoral y las se\u00f1ales que provienen de las realidades locales.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por \u00faltimo, tenemos la oportunidad de ser una Iglesia de la cercan\u00eda. Volvemos siempre al estilo de Dios. El estilo de Dios es cercan\u00eda, compasi\u00f3n y ternura. Dios siempre ha obrado as\u00ed. Si no llegamos a esa Iglesia de la cercan\u00eda con actitudes de compasi\u00f3n y ternura no seremos la Iglesia del Se\u00f1or.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Y esto no s\u00f3lo con las palabras, sino con la presencia, que establezca mayores lazos de amistad con la sociedad y con el mundo. Una Iglesia que no se separa de la vida, sino que se hace cargo de las fragilidades y las pobrezas de nuestro tiempo, curando las heridas y sanando los corazones quebrantados con el b\u00e1lsamo de Dios. No olvidemos el estilo de Dios que nos puede ayudar: cercan\u00eda, compasi\u00f3n y ternura.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Queridos hermanos y hermanas, que este S\u00ednodo sea un tiempo habitado por el Esp\u00edritu. Porque tenemos necesidad del Esp\u00edritu, del aliento siempre nuevo de Dios, que libera de toda cerraz\u00f3n, revive lo que est\u00e1 muerto, desata las cadenas y difunde la alegr\u00eda.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El Esp\u00edritu Santo es Aquel que nos gu\u00eda hacia donde Dios quiere, y no hacia donde nos llevar\u00edan nuestras ideas y nuestros gustos personales. El padre Congar recordaba: \u00abNo hay que hacer otra Iglesia, pero, en cierto sentido, hay que hacer una Iglesia otra, distinta\u00bb (Verdadera y falsa reforma en la Iglesia, Madrid 2014, 213). Ese es el desaf\u00edo.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por una \u201cIglesia distinta\u201d, abierta a la novedad que Dios le quiere indicar, invoquemos al Esp\u00edritu con m\u00e1s fuerza y frecuencia, y dispong\u00e1monos a escucharlo con humildad, caminando juntos, tal como \u00c9l \u2014creador de la comuni\u00f3n y de la misi\u00f3n\u2014 desea, con docilidad y valent\u00eda.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ven, Esp\u00edritu Santo. T\u00fa que suscitas lenguas nuevas y pones en los labios palabras de vida, l\u00edbranos de convertirnos en una Iglesia de museo, hermosa pero muda, con mucho pasado y poco futuro.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ven en medio nuestro, para que en la experiencia sinodal no nos dejemos abrumar por el desencanto, no diluyamos la profec\u00eda, no terminemos por reducirlo todo a discusiones est\u00e9riles.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ven, Esp\u00edritu de amor, disp\u00f3n nuestros corazones a la escucha. Ven, Esp\u00edritu de santidad, renueva al santo Pueblo de Dios. Ven, Esp\u00edritu creador, renueva la faz de la tierra.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Juan Pablo V\u00e1zquez Rodr\u00edguez Monterrey, N.L. 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