{"id":1056,"date":"2017-05-05T12:22:59","date_gmt":"2017-05-05T17:22:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/?p=1056"},"modified":"2017-05-05T17:02:06","modified_gmt":"2017-05-05T22:02:06","slug":"catequesis-3-cuatro-orientaciones-para-el-culto-a-la-virgen-biblica-liturgica-ecumenica-y-antropologica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/catequesis-3-cuatro-orientaciones-para-el-culto-a-la-virgen-biblica-liturgica-ecumenica-y-antropologica\/","title":{"rendered":"Catequesis 3: Cuatro orientaciones para el culto a la Virgen: b\u00edblica, lit\u00fargica, ecum\u00e9nica y antropol\u00f3gica"},"content":{"rendered":"<p>Algunas orientaciones \u2014de car\u00e1cter b\u00edblico, lit\u00fargico, ecum\u00e9nico, antropol\u00f3gico\u2014 a tener en cuenta a la hora de revisar o crear ejercicios y pr\u00e1cticas de piedad, con el fin de hacer m\u00e1s vivo y m\u00e1s sentido el lazo que nos une a la Madre de Cristo y Madre nuestra en la Comuni\u00f3n de los Santos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes que nada, la necesidad de una clara referencia a la Sagrada Escritura en toda forma de culto es sentida y exigida hoy d\u00eda como un postulado general de la piedad cristiana. El progreso de los estudios b\u00edblicos, la creciente difusi\u00f3n de la Sagrada Escritura y, sobre todo, el ejemplo de la tradici\u00f3n y la moci\u00f3n \u00edntima del Esp\u00edritu orientan a los cristianos de nuestro tiempo a servirse cada vez m\u00e1s de la Biblia como del Libro fundamental de oraci\u00f3n y a buscar en ella inspiraci\u00f3n genuina y modelos insuperables. El culto a la Sant\u00edsima Virgen no puede quedar fuera de esta direcci\u00f3n tomada por la piedad cristiana; al contrario, debe inspirarse ella para lograr nuevo vigor y ayuda segura. La Biblia, al proponer de modo admirable el designio de Dios para la salvaci\u00f3n de los hombres, est\u00e1 toda ella impregnada del misterio del Salvador, y contiene, adem\u00e1s, desde el G\u00e9nesis hasta el Apocalipsis, referencias indudables a Aquella que fue Madre y Asociada del Salvador. Pero no quisi\u00e9ramos que la impronta b\u00edblica se limitase a un diligente uso de textos y s\u00edmbolos sabiamente sacados de las Sagradas Escrituras; comporta mucho m\u00e1s; requiere, en efecto, que de la Biblia tomen sus t\u00e9rminos y su inspiraci\u00f3n las f\u00f3rmulas de oraci\u00f3n y las composiciones destinadas al canto; y exige, sobre todo, que el culto a la Virgen est\u00e9 impregnado de los grandes temas del mensaje cristiano, a fin de que, al mismo tiempo que los fieles veneran la Sede de la Sabidur\u00eda sean tambi\u00e9n iluminados por la luz de la palabra de Dios e inducidos a obrar seg\u00fan los directrices de la Sabidur\u00eda encarnada. (Cfr. Marialis Cultus, 30)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya hemos hablado de la veneraci\u00f3n que la Iglesia siente por la Madre de Dios en la celebraci\u00f3n de la<\/p>\n<p>Sagrada Liturgia. Ahora, tratando de las dem\u00e1s formas de culto y de los criterios en que se deben inspirar, no podemos menos de recordar la norma de la Constituci\u00f3n <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\"><em>Sacrosanctum Concilium<\/em><\/a>, la cual, al recomendar vivamente los piadosos ejercicios del pueblo cristiano, a\u00f1ade: <em>&#8220;\u2026es necesario que tales ejercicios, teniendo en cuenta los tiempos lit\u00fargicos, se ordenen de manera que est\u00e9n en armon\u00eda con la sagrada Liturgia; se inspiren de alg\u00fan modo en ella, y, dada su naturaleza superior, conduzcan a ella al pueblo cristiano&#8221;<\/em>. (SC. 13)<\/p>\n<p>Norma sabia y clara, cuya aplicaci\u00f3n, sin embargo, no se presenta f\u00e1cil, sobre todo en el \u00e1mbito del culto a la Virgen, tan variado en sus expresiones formales requiere, efectivamente, por parte de todos los Pastores: esfuerzo, tacto pastoral, constancia; y por parte de los fieles, prontitud en acoger orientaciones y propuestas que, emanando de la genuina naturaleza del culto cristiano, comportan a veces el cambio de usos envejecidos, en los que de alg\u00fan modo se hab\u00eda oscurecido aquella naturaleza.<\/p>\n<p>A este respecto queremos aludir a dos actitudes que podr\u00edan hacer vana, en la pr\u00e1ctica pastoral, la norma del Concilio Vaticano II: en primer lugar, la actitud de algunos que tienen cura de almas y que, despreciando a priori los ejercicios piadosos, que en las formas debidas son recomendados por el Magisterio, los abandonan y crean un vac\u00edo que no prev\u00e9n colmar; olvidan que el Concilio ha dicho que hay que armonizar los ejercicios piadosos con la liturgia, no suprimirlos. En segundo lugar, la actitud de otros que, al margen de un sano criterio lit\u00fargico y pastoral, unen al mismo tiempo ejercicios piadosos y actos lit\u00fargicos en celebraciones h\u00edbridas. A veces ocurre que dentro de la misma celebraci\u00f3n del sacrifico Eucar\u00edstico se introducen elementos propios de novenas u otras pr\u00e1cticas piadosas, con el peligro de que el Memorial del Se\u00f1or no constituya el momento culminante del encuentro de la comunidad cristiana, sino como una ocasi\u00f3n para cualquier pr\u00e1ctica devocional. A cuantos obran as\u00ed quisi\u00e9ramos recordar que la norma conciliar prescribe armonizar los ejercicios piadoso con la Liturgia, no confundirlos con ella. Una clara acci\u00f3n pastoral debe, por una parte, distinguir y subrayar la naturaleza propia de los actos lit\u00fargicos; por otra, valorar los ejercicios piadosos para adaptarlos a las necesidades de cada comunidad eclesial y hacerlos auxiliares v\u00e1lidos de la Liturgia.<\/p>\n<p>Por su car\u00e1cter eclesial, en el culto a la Virgen se reflejan las preocupaciones de la Iglesia misma, entre las cuales sobresale en nuestros d\u00edas el anhelo por el restablecimiento de la unidad de los cristianos. La piedad hacia la Madre del Se\u00f1or se hace as\u00ed sensible a las inquietudes y a las finalidades del movimiento ecum\u00e9nico, es decir, adquiere ella misma una impronta ecum\u00e9nica. Y esto por varios motivos.<\/p>\n<p>En primer lugar porque los fieles cat\u00f3licos se unen a los hermanos de las Iglesias ortodoxas, entre las cuales la devoci\u00f3n a la Virgen reviste formas de alto lirismo y de profunda doctrina al venerar con particular amor a la gloriosa Theotocos y al aclamarla &#8220;Esperanza de los cristianos&#8221;; se unen a los anglicanos, cuyos te\u00f3logos cl\u00e1sicos pusieron ya de relieve la s\u00f3lida base escritur\u00edstica del culto a la Madre de nuestro Se\u00f1or, y cuyos te\u00f3logos contempor\u00e1neos subrayan mayormente la importancia del puesto que ocupa Mar\u00eda en la vida cristiana; se unen tambi\u00e9n a los hermanos de las Iglesias de la Reforma, dentro de las cuales florece vigorosamente el amor por las Sagradas Escrituras, glorificando a Dios con las mismas palabras de la Virgen (cf. <em>Lc<\/em> 1, 46-55).<\/p>\n<p>En segundo lugar, porque la piedad hacia la Madre de Cristo y de los cristianos es para los cat\u00f3licos ocasi\u00f3n natural y frecuente para pedirle que interceda ante su Hijo por la uni\u00f3n de todos los bautizados en un solo pueblo de Dios. M\u00e1s a\u00fan, porque es voluntad de la Iglesia cat\u00f3lica que, en dicho culto, se evite con cuidado toda clase de exageraciones que puedan inducir a error a los dem\u00e1s hermanos cristianos acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia cat\u00f3lica y se haga desaparecer toda manifestaci\u00f3n cultual contraria a la recta pr\u00e1ctica cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Finalmente, siendo connatural al genuino culto a la Virgen el que &#8220;mientras es honrada la Madre (\u2026), el Hijo sea debidamente conocido, amado, glorificado&#8221;, este culto se convierte en camino a Cristo, fuente y centro de la comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica, en la cual cuantos confiesan abiertamente que \u00c9l es Dios y Se\u00f1or, Salvador y \u00fanico Mediador, est\u00e1n llamados a ser una sola cosa entre s\u00ed, con \u00c9l y con el Padre en la unidad del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Somos conscientes de que existen no leves discordias entre el pensamiento de muchos hermanos de otras Iglesias y comunidades eclesiales y la doctrina cat\u00f3lica &#8220;en torno a la funci\u00f3n de Mar\u00eda en la obra de la salvaci\u00f3n&#8221; y, por tanto, sobre el culto que le es debido. Sin embargo, como el mismo poder del Alt\u00edsimo que cubri\u00f3 con su sombra a la Virgen de Nazaret (cf. <em>Lc<\/em> 1, 35) act\u00faa en el actual movimiento ecum\u00e9nico y lo fecunda, deseamos expresar nuestra confianza en que la veneraci\u00f3n a la humilde Esclava del Se\u00f1or, en la que el Omnipotente obr\u00f3 maravillas (cf. <em>Lc<\/em> 1, 49), ser\u00e1, aunque lentamente, no obst\u00e1culo sino medio y punto de encuentro para la uni\u00f3n de todos los creyentes en Cristo. Nos alegramos, en efecto, de comprobar que una mejor comprensi\u00f3n del puesto de Mar\u00eda en el misterio de Cristo y de la Iglesia, por parte tambi\u00e9n de los hermanos separados, hace m\u00e1s f\u00e1cil el camino hacia el encuentro. As\u00ed como en Can\u00e1 la Virgen, con su intervenci\u00f3n, obtuvo que Jes\u00fas hiciese el primero de sus milagros (cf. <em>Jn<\/em> 2, 1-12), as\u00ed en nuestro tiempo podr\u00e1 Ella hacer propicio, con su intercesi\u00f3n, el advenimiento de la hora en que los disc\u00edpulos de Cristo volver\u00e1n a encontrar la plena comuni\u00f3n en la fe. Y esta nueva esperanza halla consuelo en la observaci\u00f3n del Papa Le\u00f3n XIII: la causa de la uni\u00f3n de los cristianos <em>&#8220;pertenece espec\u00edficamente al oficio de la maternidad espiritual de Mar\u00eda. Pues los que son de Cristo no fueron engendrados ni pod\u00edan serlo sino en una \u00fanica fe y un \u00fanico amor: porque, &#8220;\u00bfest\u00e1 acaso dividido Cristo?&#8221;<\/em> (cf. <em>1 Cor<\/em> 1, 13); y debemos vivir todos juntos la vida de Cristo, para poder fructificar en un solo y mismo cuerpo (Cfr. <em>Rom<\/em> 7, 14)&#8221;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algunas orientaciones \u2014de car\u00e1cter b\u00edblico, lit\u00fargico, ecum\u00e9nico, antropol\u00f3gico\u2014 a tener en cuenta a la hora de revisar o crear ejercicios y pr\u00e1cticas de piedad, con el<span class=\"excerpt-hellip\"> [\u2026]<\/span><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1087,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[51],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1056"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1056"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1056\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1057,"href":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1056\/revisions\/1057"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1087"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1056"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1056"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.arquidiocesismty.org\/arquimty\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1056"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}