Misal

 



Lunes 29° del Tiempo Ordinario
23/10/2017

Primera Lectura

Está escrito también por nosotros, a quienes se nos acreditará, si creemos en nuestro Señor Jesucristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los romanos 4, 19-25

Hermanos: La fe de Abraham no se debilitó a pesar de que, a la edad de casi cien años, su cuerpo ya no tenía vigor, y además, Sara, su esposa, no podía tener hijos. Ante la firme promesa de Dios no dudó ni tuvo desconfianza, antes bien su fe se fortaleció y dio con ello gloria a Dios, convencido de que él es poderoso para cumplir lo que promete. Por eso, Dios le acreditó esta fe como justicia.

Ahora bien, no sólo por él está escrito que "se le acreditó", sino también por nosotros, a quienes se nos acreditará, si creemos en aquel que resucitó de entre los muertos, en nuestro Señor Jesucristo, que fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.
Palabra de Dios.



 

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Lunes 29° del Tiempo Ordinario
23/10/2017

Salmo

Lucas 1

R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel.

ElSeñor ha hecho surgir en favor nuestro
unpoderoso salvador en la casa de David, su siervo.
Así lo había anunciado desde antiguo,
por boca de sus santos profetas. R.

Anunció que nos salvaría de nuestros enemigos
y de las manos de todos los que nos aborrecen,
para mostrar su misericordia a nuestros padres
y acordarse de su santa alianza. R.

El Señor juró a nuestro padre Abraham
que nos libraría del poder de nuestros enemigos,
para que pudiéramos servirlo sin temor,
con santidad y justicia,
todos los días de nuestra vida. R.



R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel.



 

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Lunes 29° del Tiempo Ordinario
23/10/2017

Aclamación

Mt 5, 3

Aleluya, Aleluya

Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.

Aleluya, Aleluya



 

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Lunes 29° del Tiempo Ordinario
23/10/2017

Evangelio

¿Para quién serán todos tus bienes?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 13-21

En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Pero Jesús le contestó: "Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?"

Y dirigiéndose a la multitud, dijo: "Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea".

Después les propuso esta parábola: "Un hombre rico tuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’ Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios".

Palabra del Señor.





 

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Lunes 29° del Tiempo Ordinario
23/10/2017

Reflexión

Ha mencionado el Padre José María Cabodevilla que: "si todas las horas nos hieren la última nos mata". Es verdad, no se puede uno pasar la vida matando el tiempo sin que nos demos cuenta de que estamos hiriendo nuestra eternidad.

¿Somos verdaderamente necios los seres humanos?

Si Jesucristo es realmente el supremo bien del hombre, capaz de satisfacer todos sus deseos, ¿por qué el hombre no va tras él, por qué se niega a seguirle?

¿Acaso es por el influjo que provoca en nosotros los bienes materiales?

Decía San Francisco de Sales que hay cuatro motivos por los que un trozo de hierro no es atraído por el imán: o porque entre ellos se interpone un diamante, o porque el hierro está engrasado, o porque pesa mucho, o porque se halla a una distancia excesiva del imán.

Traduciendo al Santo y aplicando su enseñanza a la del Evangelio de este día podemos decir: He aquí, pues, las cuatro causas que impiden al hombre sentirse atraído por Jesucristo: o porque está cargado de riquezas, o porque es presa de la sensualidad, o porque se ama demasiado a sí mismo, o porque sus pecados lo han llevado ya demasiado lejos.

Por cualquiera de esas cuatro razones el alma es insensible a la fuerza magnética de Jesucristo y permanece inmovilizada en cualquiera de las mil formas de resistencia: cautiva de sus pasiones, encerrada dentro de su egoísmo, lastrada por el peso de la carne, prisionera de su avaricia, flotando en la pereza, habituada a los aplazamientos, atrincherada en su propia defensa, paralizada por el respeto humano...

¿Cómo podría un alma al moverse en esas condiciones, ir hacia Jesucristo? ¿Qué tiempo le puede quedar para así considerar aquello que realmente es trascendente en su vida?

A veces existe otro estorbo, no por irrisorio menos funesto que los anteriores: a veces el alma se atasca en un interminable discurso, enredándose en sus propias ideas, cada vez más complicadas y más insustanciales, acerca de lo que debe ser o no debe ser el verdadero seguimiento de Jesucristo, y muchos que decimos conocer al Señor y que hasta nos hemos nombrado sus representantes, nos mantenemos en la pasividad espiritual.

Y no pocos de nosotros somos de los que seguimos viendo el dolor de nuestros hermanos en el centro y sur del país y hasta hemos hecho discursos para justificar el que ya no se les ayude.

Habrá que despertar antes de que la vida se acabe, tal y como lo decía aquella oración que me sedujo: "Señor, despiértame antes que muera".

Le preguntaban algunos de los feligreses a San Agustín una cuestión por demás crucial: "Si me arrepiento mañana, ¿Dios me perdonará?" El Santo tuvo que ser honesto con la doctrina que el mismo experimentó en su propia vida sobre la persona de Jesús: "Claro que sí, no debes dudarlo, es verdad que si te arrepientes mañana el Señor te perdonará, pero respóndeme ahora tú: ¿Quién te asegura que estarás aquí mañana?"



Escrita por:



Pbro. Rogelio Narváez Martínez

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