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No. 1/2019
Prot. No. 23/2019
10 de Enero de 2019

Circular

A TODA LA IGLESIA QUE PEREGRINA EN MONTERREY, ¡PAZ Y BIEN!

Muy queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

Me agrada mucho, al comienzo de este nuevo año, dirigirme a ustedes para saludarlos y asegurarles que cuentan con mis oraciones para que el Señor colme de bendiciones a su familia. El motivo de esta carta es invitarlos a celebrar, el próximo 02 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor al Templo, el Día de la Vida Consagrada. 

Ya es tradición en nuestra Arquidiócesis celebrar este día con la “Marcha de la Luz”, una peregrinación desde la Explanada de los Héroes de la Macroplaza, de donde partiremos a las 6:00 p.m., hasta la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Colonia Independencia, donde celebraremos la Eucaristía Solemne a las 7:00 p.m. Además, después de la misa, tendremos un momento de convivencia y verbena popular en la explanada de la misma Basílica.

Los consagrados y consagradas son un testimonio vivo de Jesucristo resucitado entre nosotros y una invitación a ser santos abrazando los valores del reino en la vivencia de la propia vocación. Por ello, es justo que agradezcamos a nuestro Padre Dios con esta celebración el don de los religiosos y religiosas, de los miembros de Institutos Seculares y de todas las demás formas de consagración que ejercen entre nosotros sus carismas de servicio a nombre de toda la Iglesia y en bien de toda la humanidad. 

No podemos olvidar, además, que la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, reunidos en el Vaticano del 3 al 28 de octubre de 2018, y la Jornada Mundial de la Juventud, que está por celebrarse en Panamá del 22 al 27 de enero de 2019, le dan al Día de la Vida Consagrada un color especial de juventud y también un carácter inevitablemente vocacional, porque juventud implica siempre el reto de una opción fundamental que oriente la propia vida. 

Invito, pues, a los grupos parroquiales y a los movimientos del apostolado organizado a prepararse a esta celebración investigando, meditando y reflexionando sobre el servicio que la vida consagrada presta a la Iglesia y al mundo entero, con la esperanza de que crezcan las vocaciones a las diversas formas de consagración.

Hago votos para que el Día de la Vida Consagrada concentre una gran cantidad de asistentes en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe para la celebración eucarística, donde, además de agradecerle a Dios por los consagrados que ya nos ha dado, pediremos, por intercesión de nuestra madre María de Guadalupe, nos conceda muchas vocaciones más para atender a todas las necesidades pastorales que requieren su presencia.